Nadie lo consiguió (29/01/2007) 6 Febrero 2008
Posteado por Benegas en : El País , comentarios cerradosHe permanecido en silencio desde que ETA declaró el alto el fuego por estar convencido de que un proceso de esta naturaleza exige mucha discreción y se debe predicar con el ejemplo. Después del atentado de Barajas creo que es el momento de hacer algunas reflexiones. Desde hace tiempo pienso que combatir el terrorismo no es sinónimo de terminar con él. Se puede combatir con la máxima firmeza y con todos los instrumentos del Estado y no terminar con el terrorismo. Depende de la naturaleza de la organización violenta que tengamos enfrente. Combatir por lo tanto es condición necesaria pero no suficiente, así ha sido, por lo menos hasta la fecha, en el caso de ETA.
Respeto la posición de los que sostienen que si ETA estaba casi muerta y derrotada políticamente ¿para qué dialogar?, ¿para qué ofrecerles un acuerdo desde las instituciones democráticas?. Esta posición se fundamente en una ambición digna, derrotar a los que tanto dolor y sufrimiento nos han causado desde que comenzaron sus actuaciones violentas en los años 60 del siglo pasado. Sin embargo, lo cierto es que esta vía expresa un deseo y señala un objetivo más que una realidad palmaria contrastada, porque no se ha demostrado su eficacia definitiva. Después de 40 años de combatir nadie ha conseguido acabar con un terrorismo que ha tenido apoyos sociales no desdeñables y que de alguna manera los mantiene hoy. Es decir durante cuatro décadas esta vía no ha producido el objetivo deseado. ¿Estábamos a punto de conseguirlo?. No lo sé. Lo que no se puede aceptar sin más análisis es que durante la etapa del Sr. Aznar se había casi terminado con ETA. No digo que no haya habido éxitos, pero durante la misma se producen, ni más ni menos 67 víctimas mortales por acciones del terrorismo de ETA, siendo cierto también que durante los últimos diez meses de ese periodo no sufrimos atentados mortales.
Dicho esto, es preciso señalar que, la opción de buscar un final dialogado se demuestra, una vez más, que también tiene sus complicaciones. He estado de acuerdo con el Presidente Zapatero en el empeño de intentar, con los datos que se disponían en el momento en que se toma la decisión, un final de estas características ya contemplado en el Pacto de Ajuria Enea del año 1.988, por cierto suscrito también por el PP. Lo ocurrido durante estos nueve meses indica, como he mencionado, que esta vía también tiene serios inconvenientes que la hacen complicada. Una dificultad grave es tener al PP en contra. No pretendo señalar culpabilidades, sólo constato un dato de la realidad. No cuestiono la legitimidad de su posición, sí los excesos, descalificaciones y argumentario falso sobre las supuestas cesiones del Presidente Rodríguez Zapatero con los que se ha intentado entorpercer el proceso y desgastar al Gobierno. Ahora bien, a la hora de analizar los problemas que tiene un final dialogado no podemos ignorar que objetivamente actitudes de esta naturaleza marcan los límites del proceso, tienen la capacidad de condicionarlo y de convertirlo en una especie de calvario político para quien lo intenta.
Los otros inconvenientes importantes provienen del mundo de Batasuna y de ETA. El primero es que se confirma una vez más, que nada es estático en ese ámbito cuando se abre un periodo de tregua, sobre todo si el proceso es largo y no tiene plazo de caducidad. Cuando ETA toma decisiones sobre treguas o altos el fuego, son decisiones controvertidas internamente. Al día siguiente de la tregua los que están en contra se ponen a trabajar. Por eso lo que en un momento determinado dice o plantea Batasuna o ETA puede ser verdad en esa circunstancia, pero puede no serlo después. Entre el primer comunicado y los posteriores hay cada vez más diferencias. Se endurece el lenguaje y las expresiones y se sube el listón de las reivindicaciones. Es decir los planteamientos de la otra parte son cambiantes y dificultan enormemente el proceso. No hay nada peor en una negociación que tener enfrente a alguien que va cambiando continuamente de posiciones y no sabe exactamente lo que quiere. Las reivindicaciones no son las mismas, sino que van in crescendo a medida de que los que están en contra presionan o ganan posiciones.
El segundo gran inconveniente es la inmadurez democrática de los que impulsan el proceso desde Batasuna y ETA. No acaban de entender cuales son las limitaciones de un Gobierno democrático y plantean reivindicaciones que son de imposible cumplimiento para el ejecutivo, aunque éste quisiera, que no es el caso, porque por encima del mismo está la Constitución y la Ley. Lo reconoce el propio comunicado de ETA al señalar como crítica que el Gobierno “ha establecido como tope del proceso los límites de la Constitución española y la legalidad”. Los propios dirigentes “moderados”, por entendernos, de Batasuna son los que anuncian que todo va mal, que el proceso está bloqueado etcétera con lo cual no hacen sino alimentar los argumentos de los que desde un mayor radicalismo están en contra.
Esta falta de capacidad de un análisis político riguroso les lleva a no ser siquiera capaces de resaltar su gran logro, que para mí es el haber conseguido que el Parlamento apruebe y autorice, en ausencia total de violencia, el diálogo entre el Gobierno y ETA. Es decir, una organización terrorista proscrita se convierte, si cumple la condición previa establecida, en interlocutora de un Gobierno democrático por decisión parlamentaria. Ese era para mí el aspecto más positivo para quienes desde Batasuna o ETA habían impulsado o pretendían buscar un final dialogado y lo dilapidan de una manera incompresible, entre otras actuaciones, por la kale borroka y por el atentando de Barajas.
Dicho lo anterior surge la pregunta de si se puede pedir madurez democrática a quienes fundamentaron su fuerza en la utilización de la violencia. Desde mi punto de vista sólo es posible si se produce un liderazgo fuerte que, entendiendo las dificultades y límites de los demás, marque el camino sabiendo que llegará el momento de la verdad en el que los principales escollos y dificultades del recorrido surgirán de sus propias filas. Gerry Adams fue gradualista. Aceptó un Gobierno en el Ulster que no tiene ni el 10% de las competencias que hoy tiene el Gobierno Vasco.
Es evidente que el Gobierno no se puede mover más de lo que ha hecho. Ha actuado correctamente señalando con claridad que no se dan las circunstancias exigidas por la resolución del Congreso de los Diputados para intentar un final dialogado y que ETA ha roto el “proceso”. No obstante la situación es muy diferente a la que se produjo como consecuencia de la ruptura de la tregua de Lizarra. A diferencia de aquel entonces es de importancia significativa la actitud del PNV que ha permanecido apoyando al Gobierno antes y después de la ruptura. La escalada terrorista después de Lizarra fue brutal. En estas circunstancias ETA ha declarado que mantiene el alto el fuego aunque los comunicados después de lo ocurrido no son fiables. La discusión interna en Batasuna y ETA es muy fuerte. Los que ven que se está perdiendo una oportunidad que puede ser irrepetible creo que tienen hoy, después del atentado de Barajas, más argumentos para defender sus posiciones. La inmensa mayoría del pueblo vasco quiere la paz incluidos sectores del abertzalismo radical. Y finalmente, a veces conviene recordarlo, el Estado democrático conserva intactos todos los instrumentos de que dispone para combatir el terrorismo. Nuestra democracia hoy tiene garantizado su futuro. El de los violentos, si persisten en su actitud, es la ilegalidad de Batasuna y la cárcel para los terroristas. Ese futuro no debería tener, a estas alturas de lo que hemos vivido, ningún aliciente para ninguno de ellos.
Salvo que se produzca un milagro, ojala me equivoque, la unidad democrática será incompleta (ausencia del PP) lo cual, sin duda, no es deseable y es negativo para todos pero el acuerdo con los demás no es desdeñable. Quizá un punto de encuentro podría alcanzarse manteniendo vigente los principios de Ajuria – Enea, los diez puntos del Pacto Antiterrorista y por las libertades, sin el preámbulo por ser coyuntural y circunscrito a los dos partidos que pueden gobernar España, buscando además un nuevo acuerdo de todo el arco parlamentario que pudiera inspirarse, por ejemplo, en el Pacto de Madrid de noviembre de 1987. En todo caso deberíamos ser conscientes de que la discrepancia no se está produciendo sobre el fondo del problema, sino sobre cómo debe ser el final del terrorismo. El desacuerdo no es sobre el objetivo que se sitúa en conseguir que ETA desaparezca lo cual supone un anhelo compartido por todos. Las vías controvertidas son dos: combatir hasta la derrota final o combatir buscando también un final dialogado de la violencia respetando la Constitución y las reglas del juego democrático. Las dos posiciones son legítimas y hasta ahora ninguna ha producido el efecto deseado. Soy consciente de que la discrepancia sobre el final no es menor, pero deberíamos ser capaces de bajar el diapasón de la controversia y las descalificaciones y aprender de lo que hicieron Major y Blair para alcanzar un acuerdo de Paz en el Ulster. La política, si no quiere ser banal, tiene una necesidad imperiosa de dotar a cada época de un sentido de la historia. Creo que uno de los más nobles en este momento es conseguir la Paz en el País Vasco. Esta es la tarea pendiente de mi generación y debe seguir siendo, a pesar de las dificultades, una de las prioridades del Gobierno.
Fuente: EL PAÍS (29/01/2007)
La Europa insensible (06/10/2006)
Posteado por Benegas en : Siglo , comentarios cerradosEn Sempere ha renacido la Europa insensible representada especialmente por Alemania y Holanda y el silencio complaciente de otros. Han demostrado además su ignorancia sobre lo que está pasando en África. El ministro del Interior de Alemania, Wolfang Sehauble, declaró que “pedir dinero a otra persona es siempre la manera más fácil de resolver un problema”.
Cuán flaca es la memoria de muchos alemanes que olvidan que su país fue reconstruido después de la Segunda Guerra Mundial a través del Plan Marshall con el dinero de otros.
El señor Gunther Bechstein, representante alemán de las regiones para temas de Interior, tuvo la feliz idea de decir que “España no se va a hundir porque lleguen 25.000 inmigrantes a Canarias”. ¡Qué manera más ramplona de enfocar el problema!
Es que pueden ser 25.000 hoy, y 50.000 mañana si no se adoptan medidas preventivas. Se equivocan pensando que sólo es un problema de España. Nuestro país es la puerta de entrada en Europa para muchos emigrantes. Ignoran que son seres humanos, que hay que atender, que deben trabajar si no queremos formar guetos y bolsas de paro como las acumuladas en los barrios periféricos de París, y que en España tienen derecho a la asistencia sanitaria gratuita desde que están en nuestro país.
La señora Rita Verdonk, ministra de Inmigración e Integración de Holanda opinó que “España es en parte responsable del problema por haber legalizado a los inmigrantes. Las mafias vieron en ello una señal positiva”.
Lo que no dice la insigne Señora es que se puede hacer un gobierno progresista que empieza su mandato recibiendo una herencia de 700.000 inmigrantes ilegales del gobierno conservador anterior, muchos de los cuales estaban trabajando en la economía sumergida. No hay más que dos alternativas: O expulsarlos a todos, lo cual no era factible, o legalizarlos incorporándolos al mercado de trabajo. Eso era lo posible y lo humano, además de necesario para la economía española. El gobierno actuó correctamente. No sólo estamos ante un problema de huida de la pobreza en África. Muchos de los que se embarcan en los cayucos no son exactamente pobres. Están huyendo de la desesperanza, de la vida sin futuro, sin horizontes, sin dignidad. El problema es más complicado.
En el pasado mes de julio el Partido Socialista reunió en Toledo a la Comisión de política internacional para hablar de América Latina. Acudió al encuentro Felipe González. Éstas son algunas de sus reflexiones: El único interlocutor capaz de mantener una relación estrecha con todos los países de América Latina es España.
Dentro de cuatro años muchos países comenzarán a celebrar el bicentenario de su independencia de España. No sería bueno contemplarlos pasivamente. Deberíamos coparticipar, colaborar, estrechar más nuestras relaciones con los países que fueron nuestras colonias, que forman parte de nuestra historia y nosotros de su acervo cultural.
Nuestra presencia económica en América Latina es un poco tosca. Es necesario evitar la sensación de nueva colonización española, esta vez económica.
Los países de la región en general van a tener crecimientos económicos significativos, pero el riesgo que corren es el de siempre, que se produzca un ciclo de expansión sin redistribución y sin la realización de proyectos que eliminen los cuellos de botella y los déficit en infraestructuras, todo ello condición necesaria para avanzar hacia el desarrollo sostenible.
Los recursos naturales, si no se utilizan bien producen liquidez pero no necesariamente riqueza. Los movimientos indigenistas tienen un gran componente de indigencia.
La explosión y auge de los mismos es, ¿por el indigenismo o por la indigencia? Quizá por la mezcla explosiva de ambos. Los acuerdos regionales tienen un problema de partida: Los países latinoamericanos no se conocen entre sí. Además, América Latina tiene que recuperar la confianza en sí misma.
El proceso de toma de decisiones en muchos países es arbitrario, imprevisible, lento e ineficiente. Algunos sistemas electorales parece que están pensados para que los países sean ingobernables.
Fuente: SIGLO (06/10/2006)
Combatir y terminar (25/06/2005)
Posteado por Benegas en : El País , comentarios cerradosCombatir el terrorismo puede no ser sinónimo de terminar con el mismo. Se puede luchar denodadamente contra esta aberración y no terminar con ella. Es lo que ha ocurrido en nuestro país durante 45 años. ETA nació en los años 60 del siglo pasado.
Combatir el terrorismo puede no ser sinónimo de terminar con el mismo. Se puede luchar denodadamente contra esta aberración y no terminar con ella. Es lo que ha ocurrido en nuestro país durante 45 años. ETA nació en los años 60 del siglo pasado. Desde entonces todos los gobiernos que ha tenido España, democráticos o no, han situado como prioridad de su acción terminar con la violencia de la organización terrorista vasca. Hasta el momento presente ninguno lo ha conseguido.
¿Cómo evaluar si una organización terrorista está derrotada? En estas cuestiones, ¿cómo se mide la derrota si la capacidad de hacer mucho daño o no depende de un aviso telefónico? Cuál es la aseveración correcta: ¿no matan más porque no pueden, o porque no quieren? No matar puede no ser sinónimo de organización derrotada. No matar no es lo mismo que dejar de matar aunque hayan transcurrido dos años desde las últimas víctimas mortales. ETA sabe que no puede ganar y el Estado es consciente de que la “débil” ETA puede golpear. Alguien ha calificado la situación muy acertadamente de “derrota cívica” de la organización terrorista, a lo que añadiría pero “sin desaparición del aparato de matar”. Se trata ahora de valorar si es posible alcanzar un final definitivo de la violencia.
Soy muy sensible hacia quienes piensan y mantienen de buena fe (es decir, sin intereses partidistas) que si es verdad que estamos ganando y ETA está derrotada, lo correcto es ganar definitivamente, no anunciar que seremos generosos e intentar que conozcan el polvo de la derrota y la cárcel larga, porque la crueldad padecida y la memoria de nuestros muertos así lo exigen. Respeto profundamente esta posición, máxime si proviene de las víctimas del terrorismo y obedece a convicciones ajenas al deseo de dañar al adversario político. Añado que deberíamos ser conscientes de que, a fin de cuentas y sin restarle importancia a la cuestión, de lo que estamos discutiendo entre nosotros es sobre las modalidades de la victoria, que en todo caso siempre será una conquista de los demócratas.
Como político y también como víctima del terrorismo (he perdido por su acción a algunos de mis mejores amigos), pienso que la ética de la responsabilidad puede conducir a indagar si por la vía del diálogo se puede conseguir que no haya más víctimas del terrorismo. Desde el afecto, nunca acrítico, a la tierra vasca en la que he vivido la mayor parte de mi vida, entiendo que perteneciendo a la generación que luchó y consiguió las libertades democráticas, el Estatuto de Gernika e imaginó y acordó el Pacto de Ajuria- Enea, nuestra asignatura pendiente reside en que nuestros hijos puedan disfrutar de un País Vasco democrático, tolerante y sin violencia, y que volvamos a ser un pueblo querido en toda España por nuestras virtudes y nuestra forma de ser franca y abierta.
Siguiendo el argumento señalaré que si lo consiguiéramos el balance de lo que hemos hecho, con muchas dificultades y pérdidas irreparables, sería al menos satisfactorio. Pero si no lo logramos y la violencia terrorista persiste y marca a las futuras generaciones de vascos como ha estigmatizado a la nuestra estaríamos ante un fracaso colectivo, aunque las responsabilidades de unos y otros no fueran equiparables.
No debemos cometer los errores del pasado. Lo principal es que todos sepamos de qué estamos hablando. Todas las negociaciones anteriores han fracasado entre otras cosas porque han adolecido de un método. Otros señalan que no han avanzado porque ETA no ha querido, lo cual puede ser cierto, pero no es contradictorio con la constatación de la inexistencia de un método. Argel o Suiza constituyen encuentros directos entre el Gobierno de España y ETA, precedidos en ambos casos de una tregua. La prospección necesaria abocó en las dos circunstancias en una mesa en la que se podía hablar de todo sabiendo que nada era posible porque nada estaba preparado, diseccionado, discutido y desbrozado para ser, a falta de los últimos detalles, aprobado. Aquí, ETA. Aquí, el Gobierno; podemos discutir de todo es un método destinado al fracaso y tiene consecuencias legitimadoras peligrosas. Espero que después de 25 años de utilizarlo, salvo en el periodo 91-93, que se hizo más seriamente, lo abandonemos definitivamente.
Ardanza, en su tan invocado documento sobre la pacificación del País Vasco, que es en definitiva una propuesta de método, inició una incompleta distinción entre los posibles diálogos y estableció con categoría propia lo que denomina “el diálogo resolutivo”, entendiendo por tal el que se produce tras el cese de la violencia entre los poderes del Estado y la organización terrorista que viene de deponer las armas y sus entornos políticos. Es decir, el contemplado en el apartado 10 de Ajuria- Enea y replanteado en términos similares por el presidente Rodríguez Zapatero. Desde que Ardanza hizo público su documento en marzo de 1998 han pasado siete años y ese escenario en el que se produce una declaración de abandono de las armas no ha llegado. ¿Cuántos años más hay que esperar? ¿Es posible que pueda llegar sin más, simplemente porque alguien dice: “Ahora toca dejar las armas”?. ¿Nos queremos hacer trampas en el solitario? ¿Somos conscientes de que la otra parte no es unívoca, sino todo lo contrario, y que existen muchos partidarios de convertir a ETA en un fin en sí mismo, teniendo por objetivo su mera perpetuación por encima de cualquier circunstancia, sobre todo si existe gente dispuesta a asumir el relevo? ¿Cómo se recorre el camino hasta que se produzca el cese definitivo de la violencia o, por ejemplo, una “tregua permanente” por utilizar la terminología que inicialmente se aceptó en Irlanda? ¿Por qué hablar para que dejen de matar es malo y negativo si se respetan los compromisos de lealtad entre los partidos democráticos?
Me atrevo a complementar la distinción iniciada por Ardanza señalando que al “diálogo resolutivo”, tal como él lo entiende, le puede preceder el “diálogo para el desistimiento”, es decir, simple y llanamente, aquel que pretende que dejen de matar, porque el terrorismo, además de ser una aberración ética, es un instrumento inútil para conseguir cualquier reivindicación política. El único inconveniente de este tipo de diálogo es que puede servir de legitimación a la organización terrorista, por eso debe desarrollarse con total discreción y, a poder ser, no de manera directa para no involucrar al Gobierno si todo se tuerce. John Hume utilizó muchas horas de conversaciones secretas (diálogos para el desistimiento) con Gerry Adams hasta convencerle de que tenía que conseguir que el IRA abandonara la violencia, como así sucedió. La diferencia con lo que sucede en España es que allí todo empezó porque John Major y Tony Blair también hablaron mucho de Irlanda del Norte y jamás utilizaron este problema de modo partidista o electoral conduciendo todo el proceso de mutuo acuerdo hasta llegar a los acuerdos de Stormont, firmados el 10 de abril de 1998. De otro modo no hubiera sido posible conseguir la paz, inestable, pero en definitiva, la paz en Irlanda del Norte, un conflicto que desde mi punto de vista estaba más enconado, por el odio entre las diferentes comunidades, que el llamado problema vasco, aunque es cierto que existía terrorismo de diferente signo.
Resumiendo. Ningún Gobierno ha terminado con ETA desde que ésta nació en 1960, aunque todos han tenido una clara voluntad para terminar con el terrorismo y es por ello que la idea de la utilización de la violencia con fines políticos está derrotada cívicamente por la democracia. El planteamiento en la lucha contra el terrorismo como un combate hasta la victoria final tiene muchos fundamentos que le asisten, pero no sabemos de cuánto tiempo más estamos hablando por las propias características de la organización terrorista que tenemos enfrente. Los que plantean un cese de la violencia y un diálogo posterior para un final definitivo están haciendo una oferta en el corto plazo buscando una salida, cuando se piensa que el enemigo está débil, que suponga el final de ETA. Una opción de esta naturaleza sólo triunfa si tiene éxito. La oferta del Gobierno socialista es esperanzadora, pero tiene riesgos. Si fracasa nos dirán no sé cuantas cosas y algunos harán todo lo posible para que así suceda. El terrorismo tiene un componente de lucha de voluntades y legitimaciones. Deberíamos ser lo suficientemente inteligentes para convertir un éxito del planteamiento del Gobierno en una victoria de todos los demócratas y un posible fracaso de esta vía en una mayor deslegitimación de ETA ante la sociedad vasca porque nuevamente un Gobierno democrático español ha demostrado voluntad y generosidad para buscar un final que no ha sido atendido ni querido por parte del nacionalismo radical y violento. Hace falta altura de miras. El ruido y las malas artes pueden dar al traste con un empeño noble en su intencionalidad porque tiene por finalidad terminar con la violencia y al igual que hicieron otros creo que es de justicia reconocer que el presidente Rodríguez Zapatero debe tener su oportunidad. Para todos sería mejor que tuviera éxito.
Fuente: TRIBUNA: JOSÉ MARÍA BENEGAS H. (EL PAÍS) (25/06/2005)
Diez años de lucha contra el terrorismo (29/10/2004)
Posteado por Benegas en : Temas , comentarios cerradosEscribir sobre los últimos diez años en relación con la lucha contra el terrorismo significa de una parte retrotraerse al año 1994 y situarse en aquella época y de otra distinguir, desaparecido prácticamente el GRAPO, entre los dos terrorismos que ha sufrido nuestro país durante este periodo: el histórico de ETA y el reciente de organizaciones de carácter islamista fundamentalista que perpetraron la masacre del once de marzo del 2004 en Madrid.
El balance de estos diez últimos años en la lucha contra la violencia de ETA creo que puede calificarse de positivo aunque no de éxito definitivo porque el terrorismo de ETA, aunque agotado política y orgánicamente, nos puede volver a golpear. No se puede decir lo mismo de la situación política general del País Vasco. Después de ocho años de gobierno del PP es preciso reconocer que ETA está muy debilitada pero el Partido Nacionalista Vasco se sitúa fuera del marco constitucional, y está en posiciones radicales enterrando el estatuto de Guerníca y defendiendo un estatus de país asociado a España.
En 1982 cuando los socialistas comenzamos a gobernar la situación era muy compleja. En el año ochenta las víctimas mortales del terrorismo se situaron en torno a las cien personas, y en el ochenta y uno, en febrero se produjo un intento de golpe de estado que se pretendió justificar precisamente por la barbarie terrorista que venía sufriendo el País. Aquel momento coincide también con la crisis del partido que había gobernado hasta entonces la U.C.D. Ante un cuadro de esta naturaleza el partido socialista en relación con el terrorismo realizó un diseño estratégico orientado en diferentes planos que dio sus frutos con el transcurso del tiempo.
El diagnóstico no era unívoco, los ámbitos en que había que actuar diferentes y por tanto la solución tenía que ser multidireccional. En primer lugar se trataba de buscar la eficacia en la lucha contra el terrorismo lo que requería, entre otras cosas, alcanzar una verdadera colaboración por parte de Francia que era muy tenue en aquel momento. Nos planteamos así mismo el objetivo de alcanzar la unidad democrática, la necesidad de atraer al Partido Nacionalista Vasco hacia nuestras posiciones para constituir un frente democrático de todos los partidos contra ETA. Era conveniente la formación de gobiernos que no fueran exclusivamente nacionalistas a los efectos de evitar imposiciones excluyentes y poder plantear políticas de integración en la construcción de La Comunidad Autónoma.
En el año 1986 el PSE fue el primer partido en número de parlamentarios ganando las elecciones autonómicas, pero dado el complejo arco parlamentario resultante no fue posible la formación de un gobierno presidido por un Lehendakari socialista. Sin embargo aquellos resultados permitieron inaugurar la etapa de los gobiernos de coalición entre nacionalistas y socialistas y alcanzar los grandes acuerdos en la lucha contra el terrorismo. El pacto de Madrid supuso una gran concertación de los partidos en el seno del parlamento Español para combatir la violencia terrorista y el pacto de Ajuria Enea creo que tuvo una importancia decisiva a la hora de enfocar correctamente algunos aspectos de la lucha contra el terrorismo que entiendo han sido, con las movilizaciones que se produjeron a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco, determinantes en la derrota política de ETA.
Hasta el pacto de Ajuria-Enea el Partido Nacionalista Vasco había defendido la posibilidad de una negociación política entre ETA y el gobierno del Estado. De alguna manera y con este planteamiento, al aceptar una interlocución política, se legitimaba la utilización de la violencia en una democracia convirtiéndola en un instrumento eficaz para alcanzar objetivos políticos. El pacto de Ajuria Enea cerró definitivamente esta posibilidad al consagrar el principio de que ningún problema político debe ser negociado con una organización terrorista. Aquellos deben ser discutidos negociados y resueltos, en su caso, por los representantes legítimos del pueblo nunca por una organización violenta. Se despojaba por lo tanto a ETA de cualquier capacidad de decisión política sobre los problemas del País Vasco. El acuerdo de Ajuria Enea además significó el aislamiento de los violentos no solamente desde un punto de vista social sino también en el orden político sobre todo en la vida municipal.
La importancia de los acuerdos de Ajuria Enea es corroborada por las comunicaciones internas de ETA y los análisis contenidos en su revista Zutabe en el sentido de que señalaba con insistencia que el pacto de Ajuria Enea era lo que más daño les había hecho desde el año 77.
En esta etapa de gobierno socialista se produjeron éxitos también muy importantes desde el punto de vista policial como los de Bidart, con posibilidades de haber llegado a un final cuando ETA plantea esta posibilidad a través de intermediarios. En todas las conversaciones y contactos que se mantuvieron en aquel entonces se respetaron escrupulosamente los pactos de Ajuria Enea. En 1996 el Partido Socialista pierde las elecciones ganándolas el Partido Popular. El asesinato de Miguel Ángel Blanco concejal del Partido Popular desencadenó una verdadera rebelión democrática contra el terrorismo y la violencia en el País Vasco. Creo que en aquel momento estaban dadas las condiciones para que mediante la eficacia policial, la unidad democrática y el principio de que no cabe una negociación política con ETA, se acelerara lo que se llama técnicamente el desistimiento de la banda armada en la utilización de la violencia.
Surge entonces un cambio de actitud, desde mi punto de vista muy grave, por parte del PNV y una nueva estrategia de ETA también avalada por el Partido Nacionalista Vasco. Este cambio supone que si bien siempre habían mantenido que el cese definitivo de la violencia dependía de una negociación política con el Estado este planteamiento es sustituido por la formación de un Frente Nacional Vasco que desborde al propio Estado superándolo por la vía de los hechos consumados por planteamientos autodeterministas. El frente nacional lo deberían formar exclusivamente partidos de carácter nacionalista. Así surge el acuerdo de Lizarra. El Partido Nacionalista Vasco rompe el pacto de Ajuria Enea. ETA consigue en aquel momento uno de sus objetivos perseguido desde años atrás, que era el romper el acuerdo de los demócratas en la lucha contra el terrorismo, quebrar la unidad de los partidos poniendo fin al pacto de Ajuria Enea.
Desde mi punto de vista en Lizarra ETA consigue otro de sus objetivos que consistía en que el Partido Nacionalista Vasco abandonara la vía estatuaria atreviéndose a afirmar que el Estatuto de Gernica estaba muerto. HB lo planteo desde su aprobación y el PNV incomprensiblemente ha aceptado esta pretensión al cabo de los años cuando ETA está derrotada políticamente. En definitiva el nacionalismo no violento abandona a los partidos democráticos estatales y cambia súbitamente de aliado realizando una apuesta de construcción del país con los que han utilizado la violencia, quizá albergando la esperanza de que pudieran abandonarla definitivamente. Este último extremo no lo negoció el Partido Nacionalista Vasco y lo dejó al libre arbitrio de los terroristas. ETA rompió la tregua que había acompañado la firma del pacto de Lizarra unilateralmente y volvió a matar, entre otros a Fernando Buesa. Las expectativas que se habían generado en parte de la sociedad vasca de que se estuviera ante el final de la violencia se desvanecen y volvemos a la dura realidad de la equivocación del nacionalismo democrático aunque sea indirectamente de haber legitimado mediante el Pacto de Lizarra la violencia Etarra.
El PP amparado y apoyado en el Pacto por las Libertades y contra el terrorismo suscrito con el PSOE endureció la legislación antiterrorista , incrementando las penas a los autores de los desmanes de la Kale Borroka y planteó a través de una ley de partidos la posibilidad de ilegalizar a Herri Batasuna. En contra de lo que se podía pensar la capacidad de reacción de HB y la movilización de sus militantes para oponerse a esta medida fue bastante escasa. A lo largo de la última legislatura también es necesario reconocer que se han producido éxitos policiales muy importantes incluidas las últimas detenciones que han afectado al entonces máximo dirigente de la organización Iñaki Antxa. En los dos últimos años las actuaciones de ETA, han disminuido sensiblemente. Según recuerda la Memoria de la Fiscalía, el número de atentados y de víctimas comenzó a descender en 2001, y señala que en 2003 el número de atentados fue de 23 frente a los diez más que se produjeron el año anterior. Los heridos se redujeron de 101 a 20 y las víctimas mortales de 5 a 3. Por la información de que disponemos se ha producido en el interior de la organización terrorista un debate duro y tenso sobre la necesidad de poner fin a la vía armada, seguir los pasos del IRA y llegar a un acuerdo que permita al abertxalismo radical incorporarse a la vida política desde prácticas democráticas rechazando la utilización de la violencia en el futuro.
Si bien en estos años la lucha contra el terrorismo de ETA se ha desarrollado razonablemente bien hemos sufrido el mayor atentado de la historia de España a manos de extremistas islamistas. No voy a entrar en el tema de si el atentado se hubiera podido evitar, si la actuación de las fuerzas de seguridad ha sido correcta o ha habido negligencia por parte de las mismas o sus superiores. Me parece bien que se trate de aclarar lo sucedido pero creo que ha de ser siempre mirando hacia el futuro para sacar consecuencias positivas porque la locura, la irracionalidad y el fanatismo de este terrorismo debe llevarnos a pensar que nadie está exento, aunque se aplique la máxima diligencia, de sufrir atentados de esta naturaleza ya que matar, sobre todo cuando se utilizan comandos suicidas, no es excesivamente difícil. Por lo tanto prudencia, unidad democrática y eficacia de los servicios de inteligencia deben ser las líneas de trabajo después del enorme atentado que hemos sufrido.
Para combatir más eficazmente el terrorismo se requiere de un diagnóstico sobre el que determinar después cuales son las medidas más correctas que hay que aplicar. Todo conduce a pensar que estamos ante un terrorismo de nuevo cuño. Parece evidente que el nuevo terrorismo no tiene territorio concreto, ni patria determinada; se ha producido la internacionalización de la violencia. El terrorista y sus apoyos se pueden encontrar en cualquier parte del mundo lo mismo que sus refugios y lugares de entrenamiento. Es un terrorismo de respuesta irracional, fundamentada en el odio que pretende hacer el mayor daño posible a sus supuestos enemigos tratando de demostrar que sin grandes ejércitos se puede golpear duramente en el corazón de los países más desarrollados. Es un terrorismo que tiene un componente de fanatismo fundamentalista al que en este caso además hay que añadirle una interpretación aberrante del Islam que necesita sustentarse en el odio. Parece que gozan de recursos suficientes, se comunican a través de las nuevas tecnologías y según los expertos forman o integran una red de más de sesenta organizaciones protegidas por un paraguas común que es Al Qaeda, lo cual hace más difícil su desarticulación.
En el caso del nuevo terrorismo internacional este se alimenta de conflictos reales que utiliza como bandera de sus movilizaciones y acciones violentas siendo los más notorios la situación del pueblo Palestino en el Medio Oriente, la ocupación militar de Irak, las amenazas latentes sobre Irán y Siria y la demostración de que el actual gobierno de Estados Unidos recurre sistemáticamente a la fuerza para resolver los conflictos. A partir de esta acumulación de problemas y agravios se construye la teoría de la agresión de la primera potencia de occidente y sus aliados contra el mundo árabe y la propia civilización islámica.
Para combatir este nuevo terrorismo se requiere de una respuesta multilateral, democrática y limpia. No se puede utilizar los mismos métodos que los terroristas. La respuesta tiene que ser dura pero democrática y selectiva. Es preciso buscar la disminución del odio y de los apoyos sociales en que se sustenta mediante la disolución de los conflictos más encanallados y sangrientos como el del Medio Oriente. Son fundamentales los mejores servicios de información y la máxima coordinación entre ellos. Sobre estos apuntes se pueden sustentar los ejes básicos de una estrategia global en la lucha contra el nuevo terrorismo.
Fuente: Revista TEMAS (29/10/2004)