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La oposición convulsiva (17/09/2007) 7 Febrero 2008

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En su comparecencia ante el Grupo Parlamentario Socialista (Congreso, Senado, Eurodiputados) del pasado 11 de septiembre, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, además de resaltar los logros económicos, sociales, democráticos autonómicos e internacionales de esta legislatura, utilizó una expresión para calificar el comportamiento político del PP que me llamó la atención. Hemos tenido una “oposición convulsiva” sustentada en falsedades. Según la Real Academia de la Lengua convulsión, en una de sus acepciones, significa “agitación violenta de agrupaciones políticas o sociales que trastorna la normalidad de la vida colectiva”. Creo que la expresión se ajusta a la realidad de lo que hemos vivido, percibido y sufrido. Se han traspasado todos los límites de lo tolerable, de lo admisible en una democracia. La primera fabulación tremenda fue aquella que sostenía la participación de ETA en el 11-M, para a continuación insinuar una posible conexión del PSOE con los autores del atentado con el propósito de trastocar la situación electoral y posibilitar el acceso de Rodríguez Zapatero a la Moncloa, lo cual con 191 muertos de por medio, es una vesania de una dimensión que resulta hasta difícil de imaginar por la bajeza moral de quienes llegaron a pensarla.
Durante la discusión del Estatuto de Autonomía de Cataluña la acusación que recibió el presidente del Gobierno fue que estábamos rompiendo España, la solidaridad entre los españoles, pisoteando la Constitución y abriendo el camino hacia la independencia y la autodeterminación. Al mismo tiempo, nuestra capacidad de destrucción alcanzaba a la familia y la política exterior del Gobierno que iba a arruinar nuestro prestigio internacional situando a España en el “rincón de la historia”.
Este modo de hacer oposición alcanzó su paroxismo con el tema del terrorismo y el intento, autorizado parlamentariamente, de buscar un final dialogado que significara la desaparición de ETA. No sólo fue terrible la acusación de ser unos “traidores a los muertos”, que sonó en el hemiciclo como un latigazo
que rasgaba principios democráticos que nunca habían sido sobrepasados, sino que se diseñó una estrategia consistente en crear una imagen de Rodríguez Zapatero débil ante la violencia, entreguista frente a ETA, cómplice de los terroristas, vendedor de Navarra, que, a falta de ingredientes verdaderos, debía de alimentarse de falsedades ante la opinión pública para conseguir el efecto deseado, es decir, el desgaste de un Gobierno difícil
de batir en el terreno de la confrontación de alternativas concretas y democráticas a los problemas del país.
Se pueden poner muchos ejemplos de lo que antecede. Escojo algunos: “A usted le ha tomado el pelo un rebaño de asesinos” (Mariano Rajoy) “No se puede dialogar con ETA porque si no se cede habrá bombas, y si no hay bombas es porque usted ha cedido (Mariano Rajoy) “Usted ha fortalecido a ETA
con su decisión de permitir que ANV se presente a las elecciones (Mariano Rajoy) Zapatero contestó indignado que es la primera vez que se dice en el Parlamento, en 30 años de democracia lo que ha dicho el líder de la oposición, acusar al gobierno de apoyar a una banda terrorista. “ETA necesita a Zapatero y Zapatero a ETA”(Ángel Acebes) “Es terrible pero es verdad, tenemos un Gobierno en España que necesita una banda terrorista para su proyecto político” (Mayor Oreja).
Hay muchas más frases e improperios que se pudieran reseñar. “Cómplice de los asesinos”. “¿Qué le debe usted a ETA para que actúe de esta manera? Explíquelo”. “Ha acabado usted con el Estado de derecho” (Astarloa). Este verano he tenido la oportunidad de tener una visión de conjunto de los meses de tregua. Mi conclusión es que la oposición que ha hecho el PP en este tema es apocalíptica, mendaz, y muy sórdida.

ETA ha reivindicado los atentados de Belagoa, Durango, Castellón, y los explosivos durante la operación retorno. Después de culpar con reiteración al presidente José Luís Rodríguez Zapatero y al PSOE de la ruptura del “proceso” y del alto el fuego, anuncia que “hasta conseguir las condiciones democráticas que permitan defender todos los proyectos políticos en Euskal Herria, ETA seguirá golpeando a las estructuras del Estado español en todos los frentes”. Además de reparar en la utilización de la expresión “estructuras del Estado”,me viene a la cabeza la frase de Albert Reynolds, ex primer ministro irlandés dirigiéndose al IRA, conminándole a abandonar definitivamente la violencia: “ Se puede volver a otros 25 años de asesinar y ser asesinados. ¿Para qué? Porque después de esos 25 años volverán justo a donde están ahora, sin nada en absoluto a cambio de todo eso, excepto miles
de muertos más y todo para nada. Así o lo hacen ahora, por Dios, o si no adiós”. 

Fuente: SIGLO (17/09/2007)

Memoria ahistórica (09/09/2007)

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Hemos entrado en el debate sobre nuestro pasado. Aunque haya quien se rasgue las vestiduras, todos los países debaten sobre su pasado por una razón u otra. En ocasiones tengo la sensación de que la izquierda española está a la defensiva ante la avalancha de críticas, imputaciones falsas y tergiversaciones de la historia que provienen de medios conservadores y no sólo políticos. Alfonso Guerra, en unas declaraciones a una emisora de radio, señaló que “la izquierda española, en aras de la reconciliación nacional, renunció durante la Transición a hacer el juicio a la dictadura franquista”. Es cierto, en virtud de la Ley de Amnistía de octubre de 1977 aprobada hace treinta años, la izquierda renunció a hacer cualquier tipo de reclamación,
política, penal, económica, etc., sobre lo ocurrido entre el 18 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977. Este rasgo de enorme generosidad de la izquierda, derrotada en 1936 y sometida a cuarenta años de persecución autoritaria, nunca ha sido bien valorado en su justa dimensión.
Estamos asistiendo a casos de memoria ahistórica. Manuel Fraga, en un reciente debate en televisión, sentenció: “La II República fue un fracaso”. Ahí terminaron sus razonamientos. Parecería como si la derecha, en este caso la militar, no intentó derrocar, mediante una insurrección, a un gobierno democrático elegido por el pueblo. La segunda tergiversación de la historia es la que plantea el inicio de la Guerra Civil como si de repente ante el “caos republicano”, los españoles de ambos bandos hubieran decidido un enfrentamiento armado. Lo cierto es que el 18 de julio de 1936 lo que se intentó fue un golpe de estado y fue tan mal diseñado militarmente que lo que era una asonada se convirtió en una guerra civil de tres años por la resistencia de parte del pueblo y de las fuerzas militares leales a la República. Es decir, no fue una guerra civil decidida por los españoles sino, consecuencia de un cálculo equivocado de los insurrectos sobre la capacidad de resistencia de una parte del pueblo español.
No quiero referirme en general a los desmanes que desde ambos lados se produjeron durante la Guerra Civil, pero sí quiero hacer referencia en concreto a la quema de conventos y a los asesinatos de religiosos cuya autoría la derecha intenta residenciar hábilmente en la izquierda tradicional, socialistas y comunistas. Parece como si el anarquismo violento no hubiera existido en España. Después de dedicarle tiempo a esta cuestión, inicialmente porque no me creía la alta cifra de religiosos, curas y monjas asesinados durante la guerra civil, he llegado a la conclusión de que los grandes responsables de la mayoría de estas acciones deplorables, no fueron los socialistas ni los comunistas, sino los anarquistas de la CNT y la FAI. No es un dato desdeñable que el mayor número de religiosos asesinados se produjera en Cataluña, allí donde más fuerte era el anarquismo español. Los ejemplos son numerosos. Recientemente se ha dado a conocer a través de la publicación de su diario personal, la historia de Josep Sierra, militante de la CNT-FAI, que fusiló, junto con un grupo de camaradas, a 45 maristas en las cercanías del cementerio de Montcada, en la provincia de Barcelona.
Conversando con Santiago Carrillo sobre la quema de conventos durante los primeros días de la República, me comentó que siendo ya miembro de las Juventudes Socialistas con 16 años, se movilizaron con los jóvenes comunistas para defender las iglesias de Madrid y evitar los saqueos e incendios de éstas por organizaciones anarquistas. En el País Vasco no se quemó ninguna iglesia gracias a la movilización de nacionalistas y socialistas para impedirlo. La izquierda española, especialmente el PSOE por su relevante papel durante la II República, debe ser contundente en la respuesta sobre hechos que no pueden ser imputados a los socialistas de aquella época, que nada tenían que ver con el anarquismo de la CNT y la FAI. Cada cual debe asumir sus responsabilidades pero no las de los demás. No digo que los socialistas estemos exentos de culpas y no se hayan producido desmanes individuales, pero el grueso de la responsabilidad de los asesinatos de religiosos hay que situarlo en el anarquismo español. A diferencia de lo ocurrido en estas organizaciones, la dirección del PSOE nunca dio instrucciones a sus militantes para que actuaran violentamente contra iglesias o religiosos. No pueden decir lo mismo la CNT y la FAI. Al menos ésta es mi opinión. En otro orden de cosas, sin ningún afán revanchista hay, que señalar con claridad que a partir del 1 de abril de 1939, todos los muertos por fusilamiento, miles, fueron de un bando y los ejecutores de otro. En esto consistió la generosidad de los vencedores.

Fuente: SIGLO (09/09/2007)

Triste satisfacción (03/11/2007)

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C ompruebo que hay demasiada gente contenta por la ruptura de la tregua de ETA. Unos, porque visto lo visto, se permiten autocitarse:
“Ya decía yo que esto no podía funcionar, estaba mal planteado. No hay diálogo posible con los terroristas”.
Otros, porque han hecho todo lo posible desde el primer día para que el presidente Rodríguez Zapatero no llevara a buen puerto su empeño de buscar un final dialogado del terrorismo. La dura realidadque se avecina nos hará añorar la etapa del alto el fuego que hemos vivido, y del tiempo anterior que lo
hizo posible, del que se habla poco, porque ha sido el período más amplio de nuestra democracia sin tener que lamentar víctimas mortales (tres años y medio), hasta que se produjo el atentado de Barajas. Los concejales que abandonaron las escoltas las están reclamando. Los ciudadanos que han/hemos estado señalados como posibles blancos de la organización terrorista volvemos a sufrir la zozobra de la inseguridad que, por otra parte, habiendo sido consustancial a nuestras vidas las treguas alejan de nuestra realidad inmediata. Los empresarios que reciban la carta vivirán su personal angustia, etc. No alcanzo a entender, por lo tanto, en que se pueden fundamentar las expresiones de satisfacción por la ruptura del alto el fuego. A mi modo de ver, hemos perdido todos aunque la responsabilidad sólo se sitúe en quienes han decidido volver a utilizar la violencia.
Al tiempo que percibo el sentimiento mencionado, aflora una irrealidad, la de quienes, sosteniendo que ahora sí estamos en el buen camino, se autoconvencen de que la derrota definitiva de ETA está próxima. Un periodista tan experimentado como Antonio Papell expresa sus vaticinios sobre el futuro en el Diario Vasco 25/08/07). Cito textualmente: “Hoy, cuando ETA está exhausta y apenas falta un esfuerzo más para que pueda hablarse de su desarticulación definitiva, resultaría absurdo y suicida otorgarle el oxígeno de una radicalización rupturista del nacionalismo. Hoy es evidente que teniendo el final de ETA al alcance de la mano, por más que los terroristas conserven su capacidad de matar, hay que dar preferencia a este objetivo, a la explotación de la buena sintonía con Francia para dar la puntilla al monstruo”. Si esta prospectiva sobre lo que va a ocurrir se pudiera firmar para convertirla en realidad, sería el primero en hacerlo.
Me temo que no estamos en la situación que describe Papell. No podemos considerar que Batasuna/ETA sea un complejo unívoco, ahormado por un pensamiento único. Desde mi punto de vista, la disciplina es única y la dependencia también, pero en torno a la conveniencia de persistir en la utilización de la violencia y en los métodos terroristas existe una seria división, de ahí que debe pensarse que también hay derrotados en ese mundo por el desenlace final del alto el fuego. Aun sabedores de que es imposible la consecución de sus objetivos políticos mediante la utilización de la violencia, se abre paso y cobra fuerza la teoría
de “la perpetuación permanente de las siglas” y por ende de la Causa, utilizando palabras de Rafael Sánchez, “lo que la acción trata de vencer no es realidad alguna, sino la irrealidad de la Causa”. Alimentando las siglas, que se nutren de violencia y atentados para alcanzar su macabra repercusión pública, se mantendrá, sine die, viva la Causa, la patria vasca independiente. Estos son los que, de momento, han ganado la batalla interna en ETA. Entramos ahora en lo que se llama “fase de acumulación de fuerzas” que consiste en demostrarle al Estado que las siglas no están débiles.
Y en esta tarea es evidente que, con más o menos dificultades, conservan la capacidad para hacer daño y golpearnos. Por eso, y admitiendo que nunca han tenido un rechazo político y ciudadano tan amplio como ahora, cabe preguntarse: ¿con qué baremo se mide la derrota orgánica de una organización terrorista? ¿Cómo se evalúa su situación? Si mantienen la capacidad de poder causar un desastre como el que intentaron en Durango, desde la contemplación del daño que pueden causar, no proclamaría con tanta contundencia su derrota, que no se produce con carácter definitivo porque al contar con apoyos sociales, bien es verdad que más reducidos, aplican la capacidad sustitutoria para remplazar a sus efectivos cuando son desarticulados por las fuerzas de seguridad del Estado.
No queda, por lo tanto, ante la ruptura del alto el fuego del 22 de marzo de 2006, otra alternativa que mantener, de nuevo, el esquema que hemos ya experimentado y utilizado durante cuarenta años: unidad democrática si fuera posible,
eficacia policial, acción judicial, servicios de información, colaboración internacional, y movilización social. Y si queremos derrotar más a los que desde dentro de Batasuna/ ETA han intentado dar el paso a la política para que se refuercen los pistoleros de la Causa podemos ilegalizar a Acción Nacionalista
Vasca (ANV).

Fuente: SIGLO (03/11/2007)

¿Quo vadis Cataluña? (24/09/2007)

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D ecía Gómez de la Serna, en tiempos de la segunda República, que “Cataluña es la única metrópoli del mundo que quiere separarse de sus colonias”.
Aparte de la ironía que caracteriza los escritos del autor de las greguerías, la frase tiene un profundo significado. La que ha sido durante mucho tiempo la región más rica de España está quejosa, se siente malquerida, maltratada, y llena de contradicciones. Es muy incoherente que quien tiene aspiraciones a ser presidente de la Generalitat, Artur Mas, recién estrenado un nuevo Estatuto de Autonomía, que encierra nuevas potencialidades que todavía no han podido desarrollarse, se dedique a impulsar, amparado en la idea de la refundación del nacionalismo catalán, plataformas soberanistas que en sí mismas ponen en cuestión el propio Estatuto y suponen un proyecto político diferente.
Por si fuera poco, el vicepresidente de la Generalitat, Sr. Carod Rovira, propone la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña a fecha fija. Remedando a Borges cabría decir que Carod Rovira “padece de irrealidad”. Ezquerra Republicana obtuvo el 14,6% en las últimas elecciones autonómicas en 2006. Desde esta representación, tener la osadía de plantear un referéndum sobre la independencia, evidentemente inconstitucional, sólo es imaginable desde el desquiciamiento político, que esperamos sea transitorio y de un grado nada despreciable de deslealtad al Gobierno del que forma parte.
Pero la cuestión no termina aquí. Joan Puigcercós dirigente relevante del mismo partido se destapa con un artículo tremebundo en el que dice que “el modelo autonomista se ha agotado”. Lo anuncia una persona que en virtud de ese modelo es consejero, nada más ni menos, que de Gobernación y Administraciones Públicas.
Si el modelo está agotado, debería para quien sostiene esta tesis, estar también agotada, por decencia política, la capacidad para tener un cargo relevante derivado de un modelo en el que no se cree. Al parecer, la maldad del modelo reside en que “no nos permite vivir todo lo bien que podríamos” (…) Como es habitual en algunos nacionalismos de la ideología se pasa en último término a “las perras”y todo esto se dice desde una de las regiones
puntera en renta per capita de España. La jeremiada continúa: El actual sistema de encaje dentro del Estado Español es un yugo que nos impide llegar a los niveles de bienestar y calidad de vida (…). “España, sin tapujos, es un lastre”. Qué visión más cicatera, irreal y ahistórica de lo que significa y supone lo que Puigcercós llama “el encaje”, que entre otras cosas es el destino del 90% de las exportaciones catalanas. En los próximos años, los miles de millones de euros que cuesta el tren de alta velocidad, la modernización de los transportes de cercanías y del aeropuerto del Prat lo va a pagar el “lastre español”. Dos observaciones añadidas: Una vez más es preciso destacar la tendencia totalizante de los nacionalismos excluyentes a hablar en nombre de todo el pueblo. Llama más la atención cuando sólo se representa al 14% de los ciudadanos. Expresiones como “no nos permite vivir”
(…) ¿A quién? ¿A todos?, “España es un lastre para Cataluña”, el sr. Puigcercós se arroga ni más ni menos un juicio en representación de toda Cataluña. “Tal como somos, no nos quieren”, como si hubiera una forma unívoca de ser catalán que pudiera ser valorada como un todo en un acto, de un solo juicio, ignorando que en una sociedad plural como lo es la catalana conviven ciudadanos de todo tipo, entre los que habrá, sin duda, un porcentaje alto
que quieren continuar siendo españoles. Siguiendo con sus argumentaciones cabe preguntarse, ¿quiénes son los que no quieren a Cataluña? ¿Es que el sr. Puigcercós posee un CIS particular que le permite saber cuáles son los sentimientos de los españoles?. La otra cuestión que quería resaltar, que por conocida no debemos olvidar, es que los nacionalismos tienen un componente victimista que se fundamenta, entre otras cosas, en un enemigo exterior al que se le asigna el papel de agresor permanente, en este caso bajo la forma de “yugo” o “lastre” que impide el desarrollo de Cataluña. “De fuera vienen todos nuestros males”, diría Sabino Arana. El enemigo exterior conduce a la ausencia de autocrítica porque desde nuestra catalanidad somos cuasi perfectos”.
Sin ellos viviríamos mejor, viene a decir el dirigente de Ezquerra Republicana. No importa la historia compartida, ni los nuevos valores de la España democrática, ni la consideración de que Cataluña es Europa porque España es Europa, ni la realidad incuestionable de que el pueblo catalán tiene hoy un nivel de autogobierno como nunca lo tuvo a lo largo de su historia; tampoco se valora que una buena parte de su desarrollo económico se ha construido, entre otras cosas, con el esfuerzo de trabajadores humildes de otros pueblos de España. Prima una concepción meramente economicista sobre un proyecto político de convivencia democrática. Estamos en otra cosa, en el proyecto de las patrias dibujadas desde raros sentimientos de exaltación nacional colectiva (¡Cuidado con los patriotas!, me decía mi abuelo) y cimentadas en ensoñaciones estatistas que pretenden desarrollarse sin respetar
las reglas del juego, y por lo tanto arriesgan lo peor para sus pueblos, y todo ello con un telón de fondo en el que subyace un miedo enfermizo a convivir abiertamente con los demás. A ganarse el prestigio, el respeto, el cariño de sus vecinos más próximos, los españoles; el de las gentes que más han querido a Cataluña, que en su día pensaron que era un gran pueblo, modelo de referencia para los demás, pioneros en no sé cuántas cosas y hoy sienten que el hermano más rico y admirado mira para otro lado, por lo menos en sus discursos, y olvida que esta nueva democracia la hemos construido
entre todos los pueblos de España y que deberíamos seguir caminando juntos. Oigo con atención las intervenciones de los nacionalistas catalanes en el Congreso de los diputados, y después de algún exordio ideológico nacional, me parece que, al final, unos más y otros menos, todo acaba en un nacionalismo mendicante que pregunta día tras día, “¿Qué hay de lo mío?”. Hermanos, dadme mi parte porque quiero tener la alforja llena para cuando decida emprender el viaje en solitario. No pretendo tener razón, describo lo que pienso y siento, y soy de los que por muchas razones quiere a Cataluña política y personalmente, deseando fervientemente que se implique profundamente en la construcción de la nueva España democrática y autonómica, sin lamentaciones, con más alegría y confianza en sí misma porque es un pueblo, que bien orientado, tiene un gran futuro. Por continuar con la reflexión
inicial de Gómez de la Serna creo que Cataluña no debe olvidar que las ‘antiguas colonias’ se han convertido en la octava potencia del mundo, desde luego con su valiosa aportación. Termino con una reflexión de Josu Jon Imaz en su carta de despedida: “Trabajo por una Euskadi en la que nuestra identidad vasca se construya en base a valores en un mundo cada vez más abierto y complejo, en el que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie”. 

Fuente: SIGLO (24/09/2007)

Confusiones sobre el modelo de estado (16/07/2007)

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No termino de acostumbrarme, aunque ya es práctica antigua, a la falta de pudor que tienen algunos nacionalistas para hablar en nombre de todo un pueblo, interpretar su pensamiento, y defender propuestas y opciones como si tuvieran el apoyo de todos los ciudadanos. Una vez más en el último
debate sobre el Estado de la Nación se ha vuelto a producir esta apropiación indebida. El Sr. Cerdá, portavoz de Ezquerra Republicana en el curso del mismo sentenció: “Tal y como ha quedado redactado el Estatuto sirve para una región de España, pero no para una nación europea. Nosotros tenemos vocación de proyectarnos en el mundo como nación europea que somos, ni más ni menos (…)” Cuando en esta última frase se sustituye lo que pudiera
ser una posición de Ezquerra Republicana, por el “nosotros”, es decir, los catalanes tenemos vocación de ser una nación europea, se sucumbe a uno de los males del nacionalismo: La apropiación indebida de la representación de todo el pueblo. Oportunamente y con acierto, Zapatero tuvo que recordarle que la mayoría de los partidos y los ciudadanos de Cataluña aprobaron la Constitución de 1.978 y los dos Estatutos de Autonomía de esta etapa democrática que, por cierto, superan con creces a la de 1.932.
Asimismo el portavoz del PNV, Sr. Erkoreka, después de una ponderada y brillante exposición sobre el proceso de paz, al referirse al Estatuto de Gernika desbarró de modo inusitado afirmando que Zapatero “es el mejor conservador del legado de Aznar porque se aferra a sus tesis y planteamientos con una tenacidad encomiable, mejor que la de sus propios seguidores”. ¡Qué análisis
histórico más injusto! En todo caso asistimos una vez más a la apropiación indebida en este caso de un Estatuto que no es patrimonio exclusivo del PNV, siéndolo también, entre otros, del Partido Socialista. Bien sabe el Sr. Erkoreka que cuanto más desarrollado está un Estatuto quedan menos transferencias por concretar, y además es buen conocedor de que éstas deben ser discutidas, acordadas y pactadas en el seno de la Comisión Mixta de transferencias. En este sentido, es tan legítima la posición socialista sobre la interpretación de la cuestión referida a la Seguridad Social, defensa de la caja única, como la suya.
Por cierto, es encomiable que el PNV vuelva a hablar del Estatuto después de que su portavoz en el Parlamento vasco pronunciara la terrible sentencia de defunción: “El Estatuto de Gernika ha muerto”, lo cual supone también la apropiación de un deceso. En qué quedamos. ¿Está muerto o hay que reanimarlo con cuidados intensivos? Es bueno saberlo porque la función de enterrador y reivindicador al mismo tiempo de lo que se consideró cadáver
encierra, al menos, algunas contradicciones. Siempre he pensado que el Estatuto Vasco fue y es un logro histórico que, después de 30 años de vigencia tiene plena validez y nada que envidiar a los nuevos Estatutos reformados.
La confusión sobre el modelo de Estado es patente y continua y en cierto modo preocupante. El Sr. Cerdá invocó nuevamente el modelo federal como solución de todos nuestros males. En su intervención se desmembró en múltiples quejidos anunciando que ya no encuentran federalistas en el Estado, sólo los hay en Cataluña. Dando por sentado que España no es, ni puede ser un Estado Federal en su origen, porque existe desde hace quinientos años independientemente de lo que piense cada cual, y, de momento y por ahora, las ensoñaciones no tienen capacidad para transformar realidades objetivas, muchos nacionalistas que recurren al federalismo no son conscientes de que el Estado autonómico es más flexible que el federal, tiene más posibilidades para afrontar los hechos diferenciales que el federal, puede ser incluso más asimétrico, cosa impensable en el modelo federal, como es el caso del concierto económico vasco y el convenio navarro, las policías autonómicas limitadas hoy a dos comunidades, e ignoran que no existe un Estado Federal que contenga la posibilidad del Art. 150.2 de la Constitución, por el cual se pueden delegar competencias exclusivas del Estado. Por cierto, ¿cuál es el concepto federal de alguien que afirma que “el Estatuto de Cataluña sirve para una región de España pero no para una nación europea”? Esta afirmación pone de manifiesto un concepto federalizante muy extraño. ¿Cómo se construye un Estado Federal en el que unas son regiones sin más y otras naciones europeas? El Nacionalismo vasco ha sido más coherente con sus planteamientos. Nunca ha defendido un modelo Federal.
Una nueva confusión sobre el modelo de Estado surgió en relación con las cuestiones competenciales, cuando el Sr. Erkoreka sentenció que: “El Gobierno central no tiene competencias para decidir que los ciudadanos residentes en España
que tuvieran un hijo, puedan percibir 2.500 euros, amparándose en el argumento de que el Gobierno del Estado no tiene atribuciones para desarrollar políticas sociales, por entender que éstas son competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas.
Un mínimo de sentido común convierte la anterior afirmación en un dislate preocupante. ¿Cómo se puede concebir un Estado que no tenga capacidad competencial para desarrollar políticas sociales para sus ciudadanos?. Sería absurdo admitirlo, al menos desde la izquierda. Basta pensar que si se pretende adoptar políticas sociales que tengan carácter
universal para todo el territorio sólo las puede impulsar el poder público que se corresponde con el ámbito mencionado, es decir, el Gobierno de España. Si queremos que todas las familias españolas o residentes tengan el derecho a percibir una cantidad por hijo nacido, la efectividad de esta decisión sólo la pue-de adoptar y garantizar el Gobierno central, como por cierto, la subida del salario medio interprofesional, las medidas de igualdad para la mujer en el ámbito laboral, el establecimiento de las pensiones no contributivas, los derechos que se derivan de la Ley de Dependencia, etc. ¿Qué es lo que defiende el nacionalismo vasco? ¿De estas políticas cuáles son competencia exclusiva, por ejemplo del Gobierno Vasco?. Si así fuera ¿quién las haría extensivas al resto de las comunidades para hacer cumplir el principio de igualdad entre los españoles? El derecho no puede amparar el absurdo. El Sr. Erkoreka, a mi parecer, tampoco tiene razón desde una óptica estrictamente jurídica. El Estatuto vasco en el Art. 10.1 señala que es competencia exclusiva de la Comunidad Autónoma. “La asistencia social”, evidentemente en su ámbito, concepto éste que creo no es equivalente al de políticas sociales. En este caso, además de lo que establece el Art.149.1ª de la Constitución sobre la garantía de igualdad de todos los españoles, existe una referencia constitucional específica relativa a la familia en el Art. 39.1; “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”. La interpretación no puede ser más meridiana, salvo que del concepto “poderes públicos” se pretenda excluir al Gobierno del Estado, de España,
que es en principio, por sus responsabilidades y el ámbito territorial de sus decisiones, el primer poder público ejecutivo del Estado. La defensa de lo propio, del terruño, de lo “nuestro” es buena, pero si es ilógica o desmedida implica riesgos y entraña peligros como son la estrechez de miras y el abandono del “universalismo moral” Kantiano. 

Fuente: SIGLO (16/07/2007)