Saltar a navegacin

¿Quo vadis Cataluña? (24/09/2007) 7 Febrero 2008

Posteado por Benegas en : Siglo , trackback

D ecía Gómez de la Serna, en tiempos de la segunda República, que “Cataluña es la única metrópoli del mundo que quiere separarse de sus colonias”.
Aparte de la ironía que caracteriza los escritos del autor de las greguerías, la frase tiene un profundo significado. La que ha sido durante mucho tiempo la región más rica de España está quejosa, se siente malquerida, maltratada, y llena de contradicciones. Es muy incoherente que quien tiene aspiraciones a ser presidente de la Generalitat, Artur Mas, recién estrenado un nuevo Estatuto de Autonomía, que encierra nuevas potencialidades que todavía no han podido desarrollarse, se dedique a impulsar, amparado en la idea de la refundación del nacionalismo catalán, plataformas soberanistas que en sí mismas ponen en cuestión el propio Estatuto y suponen un proyecto político diferente.
Por si fuera poco, el vicepresidente de la Generalitat, Sr. Carod Rovira, propone la celebración de un referéndum sobre la independencia de Cataluña a fecha fija. Remedando a Borges cabría decir que Carod Rovira “padece de irrealidad”. Ezquerra Republicana obtuvo el 14,6% en las últimas elecciones autonómicas en 2006. Desde esta representación, tener la osadía de plantear un referéndum sobre la independencia, evidentemente inconstitucional, sólo es imaginable desde el desquiciamiento político, que esperamos sea transitorio y de un grado nada despreciable de deslealtad al Gobierno del que forma parte.
Pero la cuestión no termina aquí. Joan Puigcercós dirigente relevante del mismo partido se destapa con un artículo tremebundo en el que dice que “el modelo autonomista se ha agotado”. Lo anuncia una persona que en virtud de ese modelo es consejero, nada más ni menos, que de Gobernación y Administraciones Públicas.
Si el modelo está agotado, debería para quien sostiene esta tesis, estar también agotada, por decencia política, la capacidad para tener un cargo relevante derivado de un modelo en el que no se cree. Al parecer, la maldad del modelo reside en que “no nos permite vivir todo lo bien que podríamos” (…) Como es habitual en algunos nacionalismos de la ideología se pasa en último término a “las perras”y todo esto se dice desde una de las regiones
puntera en renta per capita de España. La jeremiada continúa: El actual sistema de encaje dentro del Estado Español es un yugo que nos impide llegar a los niveles de bienestar y calidad de vida (…). “España, sin tapujos, es un lastre”. Qué visión más cicatera, irreal y ahistórica de lo que significa y supone lo que Puigcercós llama “el encaje”, que entre otras cosas es el destino del 90% de las exportaciones catalanas. En los próximos años, los miles de millones de euros que cuesta el tren de alta velocidad, la modernización de los transportes de cercanías y del aeropuerto del Prat lo va a pagar el “lastre español”. Dos observaciones añadidas: Una vez más es preciso destacar la tendencia totalizante de los nacionalismos excluyentes a hablar en nombre de todo el pueblo. Llama más la atención cuando sólo se representa al 14% de los ciudadanos. Expresiones como “no nos permite vivir”
(…) ¿A quién? ¿A todos?, “España es un lastre para Cataluña”, el sr. Puigcercós se arroga ni más ni menos un juicio en representación de toda Cataluña. “Tal como somos, no nos quieren”, como si hubiera una forma unívoca de ser catalán que pudiera ser valorada como un todo en un acto, de un solo juicio, ignorando que en una sociedad plural como lo es la catalana conviven ciudadanos de todo tipo, entre los que habrá, sin duda, un porcentaje alto
que quieren continuar siendo españoles. Siguiendo con sus argumentaciones cabe preguntarse, ¿quiénes son los que no quieren a Cataluña? ¿Es que el sr. Puigcercós posee un CIS particular que le permite saber cuáles son los sentimientos de los españoles?. La otra cuestión que quería resaltar, que por conocida no debemos olvidar, es que los nacionalismos tienen un componente victimista que se fundamenta, entre otras cosas, en un enemigo exterior al que se le asigna el papel de agresor permanente, en este caso bajo la forma de “yugo” o “lastre” que impide el desarrollo de Cataluña. “De fuera vienen todos nuestros males”, diría Sabino Arana. El enemigo exterior conduce a la ausencia de autocrítica porque desde nuestra catalanidad somos cuasi perfectos”.
Sin ellos viviríamos mejor, viene a decir el dirigente de Ezquerra Republicana. No importa la historia compartida, ni los nuevos valores de la España democrática, ni la consideración de que Cataluña es Europa porque España es Europa, ni la realidad incuestionable de que el pueblo catalán tiene hoy un nivel de autogobierno como nunca lo tuvo a lo largo de su historia; tampoco se valora que una buena parte de su desarrollo económico se ha construido, entre otras cosas, con el esfuerzo de trabajadores humildes de otros pueblos de España. Prima una concepción meramente economicista sobre un proyecto político de convivencia democrática. Estamos en otra cosa, en el proyecto de las patrias dibujadas desde raros sentimientos de exaltación nacional colectiva (¡Cuidado con los patriotas!, me decía mi abuelo) y cimentadas en ensoñaciones estatistas que pretenden desarrollarse sin respetar
las reglas del juego, y por lo tanto arriesgan lo peor para sus pueblos, y todo ello con un telón de fondo en el que subyace un miedo enfermizo a convivir abiertamente con los demás. A ganarse el prestigio, el respeto, el cariño de sus vecinos más próximos, los españoles; el de las gentes que más han querido a Cataluña, que en su día pensaron que era un gran pueblo, modelo de referencia para los demás, pioneros en no sé cuántas cosas y hoy sienten que el hermano más rico y admirado mira para otro lado, por lo menos en sus discursos, y olvida que esta nueva democracia la hemos construido
entre todos los pueblos de España y que deberíamos seguir caminando juntos. Oigo con atención las intervenciones de los nacionalistas catalanes en el Congreso de los diputados, y después de algún exordio ideológico nacional, me parece que, al final, unos más y otros menos, todo acaba en un nacionalismo mendicante que pregunta día tras día, “¿Qué hay de lo mío?”. Hermanos, dadme mi parte porque quiero tener la alforja llena para cuando decida emprender el viaje en solitario. No pretendo tener razón, describo lo que pienso y siento, y soy de los que por muchas razones quiere a Cataluña política y personalmente, deseando fervientemente que se implique profundamente en la construcción de la nueva España democrática y autonómica, sin lamentaciones, con más alegría y confianza en sí misma porque es un pueblo, que bien orientado, tiene un gran futuro. Por continuar con la reflexión
inicial de Gómez de la Serna creo que Cataluña no debe olvidar que las ‘antiguas colonias’ se han convertido en la octava potencia del mundo, desde luego con su valiosa aportación. Termino con una reflexión de Josu Jon Imaz en su carta de despedida: “Trabajo por una Euskadi en la que nuestra identidad vasca se construya en base a valores en un mundo cada vez más abierto y complejo, en el que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie”. 

Fuente: SIGLO (24/09/2007)

Comentarios

Lo sentimos; los comentarios estn cerrados para este post