La otra transición (01/07/2007) 7 Febrero 2008
Posteado por Benegas en : Siglo , trackbackC on motivo de la conmemoración del 30 aniversario de las elecciones del 15 de junio de 1977 se han celebrado numerosos actos, debates y programas
especiales explicativos del significado de aquellos comicios y, así mismo, sobre los elementos básicos, actitudes y circunstancias que hicieron posible la transición a la democracia en nuestro país. Todo han sido loas para aquel período de la historia de España y para sus principales protagonistas. Sin embargo, en ninguno de estos eventos, que tenga constancia, haya participado personalmente o tenido noticia se ha hecho mención de la otra transición, la que tuvo como escenario el País Vasco, mientras en el resto de España se producía la reconciliación nacional, la Ley de Amnistía, la Constitución del 78 y la superación de los seculares enfrentamientos entre españoles.
Al tiempo que esto sucedía en el conjunto del Estado, en el País Vasco vivimos una transición que fue un verdadero calvario y que es bueno rememorar para que los más jóvenes conozcan lo ocurrido y los de edad más avanzada no lo olviden. Si situamos como referencia el lapso de tiempo comprendido entre el 15 de junio de 1977 y el final de 1980, es decir tres años y medio, se produjeron muchos acontecimientos verdaderamente trágicos. Las elecciones del 15 de junio en las Vascongadas discurrieron con una personas secuestrada por ETA, D. Javier Ibarra y Berge, quien, a pesar de todos los esfuerzos, actos y manifiestos reclamando su libertad, fue asesinado el 22 de junio de aquel mismo año. En el período mencionado ETA secuestró a 37 personas y asesinó a 340. Recapacite el lector sobre esta última cifra e imagine lo que fue aquello. En el año 1980, en el que entra en vigor el Estatuto
de Gernika y se celebran las elecciones autonómicas para conformar el primer Parlamento Vasco de la historia, murieron 100 personas por acciones terroristas. Ese año fue terrible, cruento y cruel, y debo señalar, además, que a los funerales de las víctimas acudíamos escasas personas para acompañar a aquellas familias desgarradas por la violencia.
En tanto que en el resto de España la campaña del referéndum aprobatorio de la Constitución de 1978 fue una fiesta de unidad democrática, en el País Vasco supuso otro calvario, a pesar de que, en virtud de la Ley de Amnistía de octubre de 1977, durante un día del mes de diciembre no quedó ningún preso de ETA en prisión. En el transcurso de los 15 días de la campaña oficial de aquel referéndum ETA asesinó a ocho personas. La llamada kale borroka ya existía en aquellos tiempos. Recuérdese, por ejemplo, Rentería llena de barricadas y medio incendiada. El PNV, que estuvo en contra de la constitución, propugnó la abstención, lo mismo que Alianza Popular por otros motivos. Esta circunstancia, en la práctica, se tradujo en que el voto dejó de ser secreto en el País Vasco. Los que acudieron a las urnas era obvio que, salvo excepciones, lo hicieron para dar su apoyo a la Constitución, siendo
por tanto identificables. Los nacionalistas han argumentado siempre que ésta no se aprobó en el País Vasco porque el sí no superó el 50% del censo electoral. Es evidente que este razonamiento se fundamenta en la apropiación subrepticia de la abstención técnica. Afortunadamente, tuvieron una situación similar en sus filas durante la Segunda República cuando el Estatuto elaborado por las gestoras no alcanzó el 50% del censo en Álava y el diputado conservador Oriol utilizó este dato para argumentar en las Cortes que esta provincia no lo había aprobado. José Antonio Aguirre, a la sazón también diputado, le contestó: “En un referéndum la abstención no cuenta sólo es útil el voto a favor o en contra y ha habido 26.000 a favor y 6.000 en contra, esto es lo único que vale”. En democracia no cabe otro razonamiento; por lo tanto, la Constitución de 1978, aunque con menos apoyo que en el resto del Estado, también se aprobó en el País Vasco. Aquella percepción que teníamos durante la dictadura de que ETA desaparecería con la restauración de la democracia sólo fue un deseo ingenuo generado por el ansia de vivir en un país libre. Por el contrario, lo que hizo la organización terrorista fue multiplicar los atentados a medida que se producían avances en el asentamiento de las libertades fundamentales. Durante aquellos años apareció con crudeza el drama vasco que hemos vivido durante muchos años. Así fue la otra transición. Conviene no olvidarlo. Para mí tuvo dos caras:
una, pertenecer a las Cortes Constituyentes del 77, y la otra, ser consejero del Interior del Consejo General del País Vasco en esa misma época. La primera la recuerdo con orgullo y satisfacción y la otra con profunda amargura y tristeza. Fueron los mismos años, pero no todos vivimos lo mismo.
Fuente : SIGLO (01/07/2007)
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