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Triste satisfacción (03/11/2007) 7 Febrero 2008

Posteado por Benegas en : Siglo , trackback

C ompruebo que hay demasiada gente contenta por la ruptura de la tregua de ETA. Unos, porque visto lo visto, se permiten autocitarse:
“Ya decía yo que esto no podía funcionar, estaba mal planteado. No hay diálogo posible con los terroristas”.
Otros, porque han hecho todo lo posible desde el primer día para que el presidente Rodríguez Zapatero no llevara a buen puerto su empeño de buscar un final dialogado del terrorismo. La dura realidadque se avecina nos hará añorar la etapa del alto el fuego que hemos vivido, y del tiempo anterior que lo
hizo posible, del que se habla poco, porque ha sido el período más amplio de nuestra democracia sin tener que lamentar víctimas mortales (tres años y medio), hasta que se produjo el atentado de Barajas. Los concejales que abandonaron las escoltas las están reclamando. Los ciudadanos que han/hemos estado señalados como posibles blancos de la organización terrorista volvemos a sufrir la zozobra de la inseguridad que, por otra parte, habiendo sido consustancial a nuestras vidas las treguas alejan de nuestra realidad inmediata. Los empresarios que reciban la carta vivirán su personal angustia, etc. No alcanzo a entender, por lo tanto, en que se pueden fundamentar las expresiones de satisfacción por la ruptura del alto el fuego. A mi modo de ver, hemos perdido todos aunque la responsabilidad sólo se sitúe en quienes han decidido volver a utilizar la violencia.
Al tiempo que percibo el sentimiento mencionado, aflora una irrealidad, la de quienes, sosteniendo que ahora sí estamos en el buen camino, se autoconvencen de que la derrota definitiva de ETA está próxima. Un periodista tan experimentado como Antonio Papell expresa sus vaticinios sobre el futuro en el Diario Vasco 25/08/07). Cito textualmente: “Hoy, cuando ETA está exhausta y apenas falta un esfuerzo más para que pueda hablarse de su desarticulación definitiva, resultaría absurdo y suicida otorgarle el oxígeno de una radicalización rupturista del nacionalismo. Hoy es evidente que teniendo el final de ETA al alcance de la mano, por más que los terroristas conserven su capacidad de matar, hay que dar preferencia a este objetivo, a la explotación de la buena sintonía con Francia para dar la puntilla al monstruo”. Si esta prospectiva sobre lo que va a ocurrir se pudiera firmar para convertirla en realidad, sería el primero en hacerlo.
Me temo que no estamos en la situación que describe Papell. No podemos considerar que Batasuna/ETA sea un complejo unívoco, ahormado por un pensamiento único. Desde mi punto de vista, la disciplina es única y la dependencia también, pero en torno a la conveniencia de persistir en la utilización de la violencia y en los métodos terroristas existe una seria división, de ahí que debe pensarse que también hay derrotados en ese mundo por el desenlace final del alto el fuego. Aun sabedores de que es imposible la consecución de sus objetivos políticos mediante la utilización de la violencia, se abre paso y cobra fuerza la teoría
de “la perpetuación permanente de las siglas” y por ende de la Causa, utilizando palabras de Rafael Sánchez, “lo que la acción trata de vencer no es realidad alguna, sino la irrealidad de la Causa”. Alimentando las siglas, que se nutren de violencia y atentados para alcanzar su macabra repercusión pública, se mantendrá, sine die, viva la Causa, la patria vasca independiente. Estos son los que, de momento, han ganado la batalla interna en ETA. Entramos ahora en lo que se llama “fase de acumulación de fuerzas” que consiste en demostrarle al Estado que las siglas no están débiles.
Y en esta tarea es evidente que, con más o menos dificultades, conservan la capacidad para hacer daño y golpearnos. Por eso, y admitiendo que nunca han tenido un rechazo político y ciudadano tan amplio como ahora, cabe preguntarse: ¿con qué baremo se mide la derrota orgánica de una organización terrorista? ¿Cómo se evalúa su situación? Si mantienen la capacidad de poder causar un desastre como el que intentaron en Durango, desde la contemplación del daño que pueden causar, no proclamaría con tanta contundencia su derrota, que no se produce con carácter definitivo porque al contar con apoyos sociales, bien es verdad que más reducidos, aplican la capacidad sustitutoria para remplazar a sus efectivos cuando son desarticulados por las fuerzas de seguridad del Estado.
No queda, por lo tanto, ante la ruptura del alto el fuego del 22 de marzo de 2006, otra alternativa que mantener, de nuevo, el esquema que hemos ya experimentado y utilizado durante cuarenta años: unidad democrática si fuera posible,
eficacia policial, acción judicial, servicios de información, colaboración internacional, y movilización social. Y si queremos derrotar más a los que desde dentro de Batasuna/ ETA han intentado dar el paso a la política para que se refuercen los pistoleros de la Causa podemos ilegalizar a Acción Nacionalista
Vasca (ANV).

Fuente: SIGLO (03/11/2007)

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