Diez años de paz en el Ulster. 30 Abril 2008
Posteado por Benegas en : Diario Vasco , comentarios cerradosEl pasado diez de Abril se cumplieron diez años de la firma de los Acuerdos de Stormont, en virtud de los cuales los ciudadanos del Ulster han vivido una década sin atentados terroristas, sin víctimas mortales y sin violencia. Cuando recuerdo el drama que percibí en un viaje que realicé a la zona en mayo de 1.995, el odio entre comunidades, los muros de separación entre las mismas, la convulsión producida por miles de muertos, en definitiva, un conflicto sin horizontes de solución, pienso hoy que el logro de diez años sin violencia supone un verdadero milagro político. El proceso, como es conocido, no ha estado exento de serias dificultades que tuvieron como consecuencia la suspensión de la autonomía en varias ocasiones, siempre al borde de la ruptura, pero lo cierto es que ahí están los resultados: Diez años de paz. ¿No es sorprendente que en la actualidad dirijan un gobierno de amplia coalición juntos el ultra conservador Ian Paisley y el antiguo miembro del IRA Martin McGuinness?. Era impensable tan sólo hace muy poco tiempo
Con la perspectiva del transcurso de diez años podemos preguntarnos, ¿cómo lo consiguieron?, ¿cuáles fueron los elementos decisivos que lo hicieron posible?. Es preciso señalar en primer término que funcionó la teoría del desistimiento, es decir, el IRA comprobó que podía seguir matando, asesinando, causando destrozos, pero lo único que realmente habían conseguido, como argumentó con lucidez uno de sus dirigentes, era que cada año Gran Bretaña aumentara su presencia militar en el Ulster, y, en su consecuencia, constataron que el propio terrorismo se había convertido, más allá de consideraciones éticas, en un elemento negativo para la causa de la libertad de Irlanda. Es decir, con todo tipo de recelos, cautelas y desconfianzas, se abrió camino la idea de buscar el final de las armas y dar paso exclusivamente a la acción política.
La segunda cuestión que me parece necesario resaltar es que los dirigentes del Sinn Fein, especialmente Gerry Adams, interiorizaron la idea de que los conflictos complejos y enquistados en el tiempo no tienen soluciones perfectas sino todo lo contrario. De esta convicción surgió un liderazgo fraguado en la búsqueda de la paz y en un enorme pragmatismo político sobre lo que se podía conseguir y la otra parte podía firmar. El Sinn Fein hizo suya la estrategia de la paz, no pretendió resolver un conflicto sino que desaparecieran las armas del debate político en Irlanda. No debió ser fácil para Gerry Adams convencer a sus amigos del IRA, que en sus análisis internos contabilizaban los años de lucha, de cárcel y el número de muertos por la “causa”, de que al final debían admitir un acuerdo que atribuía inicialmente al Ulster menos autonomía, si tomamos como referencia España, que la que tienen nuestras Diputaciones Provinciales y un reconocimiento de la autodeterminación tan difuso que su realización práctica depende del criterio subjetivo del Ministro de Gran Bretaña para Irlanda del Norte. Sin embargo, Adams si tuvo un éxito considerable al conseguir en los acuerdos de Stormont una solución rápida para los presos del IRA, que sin perdones, indultos, ni condonación de penas, saldrían de la cárcel en el plazo de dos años a partir de la firma de los acuerdos “si lo permiten las circunstancias”, aplicando medidas de política penitenciaria y siempre bajo la condición de que no se volviera a utilizar la violencia, porque en ese supuesto reingresarían en prisión a cumplir íntegramente el resto de sus condenas.
El tercer elemento decisivo para que fuera viable el proceso y posibles los acuerdos, lo constituyó la admirable sincronía y coordinación a lo largo del mismo entre Major y Blair. Colaboración ésta que se produce sin ningún documento firmado entre ambos, sino que surge de lo que se entiende por “responsabilidad democrática”, derivada de un alto sentido de Estado y del reconocimiento del apoyo que debe tener todo gobierno en la siempre difícil lucha contra el terrorismo. En pleno proceso de paz Major perdió las elecciones y el poder. Blair culminó con acierto lo que aquel empezó y supo hacer copartícipe del éxito a su oponente político derrotado en las urnas. Toda una lección de comportamiento leal, además de un ejercicio de confianza entre los mencionados dirigentes, insisto sin ningún documento firmado, que se alternaron como gobierno y oposición sucesivamente durante el proceso de paz.
Si se analiza lo ocurrido durante el último “proceso de paz” a partir del alto el fuego declarado por ETA en marzo de 2006, se podrá comprobar, para nuestra desgracia, que no se produjeron ninguno de los anteriores elementos y actitudes que han hecho posible la paz en Irlanda del Norte. A buen entendedor pocas palabras bastan.
Los partidos y la IX Legislatura
Posteado por Benegas en : Siglo , comentarios cerradosLa legislatura que comienza este mes va a estar marcada, al menos en sus inicios, por la crisis de no pocos partidos. Los resultados electorales de las pasadas elecciones, sin duda tendrán consecuencias internas en organizaciones como el PP, PNV. Ezquerra Republicana, e Izquierda Unida. El PP se debatirá entre si continúa siendo una derecha rancia, poco homologable a la europea, que busca votos y apoyos desarrollando una “política de máxima tensión”, que a todas luces se ha demostrado insuficiente para ganar el poder, o por el contrario el PP se decide por una modernización de su proyecto político adecuándolo a los tiempos que corren, recuperando, además, la autonomía del partido con respecto a determinados medios de comunicación. Hacer una renovación radical en un partido no es tarea fácil ni exenta de problemas, salvo que se impulse desde un liderazgo fuerte que parece no es el caso. Además de lo que antecede, los militantes populares tienen que decidir si continúan con un líder que ha perdido dos elecciones consecutivas, algunos señalan que también pasaron por este trance Felipe González y Aznar, lo cual es cierto, tanto como que éstos las perdieron estando en la oposición y Rajoy perdió una de ellas desde el poder y gozando de mayoría absoluta, o por el contrario el PP da el paso para renovar también al presidente del partido y candidato a las elecciones. Lo deseable es que cuando se plantean este tipo de cuestiones el debate se desarrolle democrática y civilizadamente, pero el riesgo de que se desate el cainismo y el mal estilo puede aflorar entre los populares de aquí al Congreso de junio.
El PNV ha sufrido un descenso considerable de más de cien mil votos perdiendo la consideración de primer partido de la Comunidad Autónoma y situándose a una distancia significativa del PSE. La aventura soberanista de Ibarreche y su reiterada apelación al derecho a decidir, que puede concretarse en una consulta popular ilegal, pueden haber influido en la pérdida de votos de esta formación política. Así mismo la percepción que tiene el ciudadano de una crisis no resuelta entre las posiciones de Eguibar y lo que pudo representar Josu Jon Imáz, hace que se cumpla el principio de “partido dividido, partido castigado por el electorado”. El PNV tiene muchas incógnitas que resolver en poco tiempo, la más urgente si respalda la convocatoria de Ibarreche para el próximo mes de octubre.
Ezquerra Republicana ha sido víctima de sus propias contradicciones pasando de ocho diputados a tres. Ezquerra Republicana tiene una estructura orgánica y política asamblearia más propia de un movimiento de resistencia que de un partido de gobierno como en la actualidad es en Cataluña. Cuando se pretende ser partido de gobierno y movimiento de resistencia al mismo tiempo estallan todo tipo de contradicciones. Creo que además su oposición radical al nuevo Estatuto de Cataluña y participando al mismo tiempo en un gobierno que se fundamente en el propio estatuto es algo que no han debido entender muy bien los ciudadanos.
Izquierda Unida vive en la actualidad una difícil coyuntura. Creo que la política de Gaspar Llamazares ha sido correcta y responsable. Sin embargo ha pagado un alto precio por las divisiones internas que le han acompañado durante todo la legislatura, la polarización del voto útil entre PSOE y PP, en inexplicable alianza con Ibarreche en el País Vasco, y por una Ley electoral que le perjudica en relación con la representación que obtienen los partidos nacionalistas que obtienen más diputados con menos votos que Izquierda Unida. Una posibilidad de compensar esta situación, manteniendo el sistema proporcional, es ampliar el número de diputados del Congreso y que éstos sean elegidos en una lista de ámbito nacional.
CiU no acaba de tomar decisiones entre una opción que apuesta con claridad por una participación en el gobierno de España como partido bisagra que complemente las mayorías estables, y otra posición que descarta esta opción mientras no recuperen el gobierno de la Generalitat, para lo cual pretenden que Zapatero acepte como principio que gobierne siempre la lista más votada, condición ésta que limita las posibilidades de un sistema en el que el Presidente del Gobierno se elige en el Parlamento y es de difícil aceptación.
La consecuencia inmediata de la situación anteriormente descrita de crisis de los partidos mencionados o de falta de una definición clara de línea política, es que, si bien Rodríguez Zapatero dispone de una mayor autonomía para gobernar, 169 diputados es una cifra muy considerable, sin embargo tendrá más dificultades para encontrar pactos estables, mientras las mencionadas formaciones políticas no resuelvan sus problemas o sus incógnitas. De las últimas elecciones también se desprende la conclusión de que sólo el PSOE aparece ante los ciudadanos como un partido unido, con un liderazgo no discutido, un programa claro y una representación homogénea en todo el territorio del Estado, garantía, por tanto, de la vertebración de la España democrática.
Italia, Berlusconi y la crisis de partidos.
Posteado por Benegas en : Siglo , comentarios cerradosMuchos comentaristas políticos se han sorprendido por el resultado de las elecciones italianas que otorga una amplia victoria a Berlusconi en el Congreso y en el Senado. No se explican cómo la mayoría de los italianos pueden optar por tercera vez por el singular líder de Forza Italia. Pocos buscan el punto de partida de un liderazgo de estas características que desde mi opinión se sitúa en la enorme crisis de los grandes o tradicionales partidos de la democracia italiana, a saber la Democracia Cristiana (DC) el Partido Comunista Italiano (PCI) y el Partido Socialista que durante una importante etapa dirigió Bettino Craxi. El desplome de la DC y el PSI fue fulminante. La operación Mani Pulite (manos limpias) y las querellas internas que se desatan con el descubrimiento de los primeros casos de corrupción acabaron con estos partidos que sin duda forman parte de la historia moderna de Italia. El poderoso PCI sufrió un proceso más lento que los anteriores, pero aquella enorme organización se destrozó igualmente.
Bien es sabido que cuando se produce una crisis del sistema de partidos aparece el caldo de cultivo necesario para que surjan liderazgos caudillistas o populistas. Es el caso de Berlusconi y se pueden ofrecer múltiples ejemplos recientes sobre todo en Latinoamérica. Berlusconi, además de su dedicación a los medios de comunicación y el fútbol como Presidente del Milán, vivió los entresijos de la política italiana muy de cerca a través de su amigo Bettino Craxi a quien le prestaba su avión privado para los desplazamientos no oficiales, y siguió muy de cerca la operación manos limpias y el calvario político que posteriormente vivió Craxi. Por lo tanto tenía un amplio conocimiento de la política italiana antes de su dedicación a la misma.
La segunda razón que puede explicar su victoria es que en Italia desde la desaparición del PSI y PCI la izquierda o las plataformas de progreso que se crean para las confrontaciones electorales están totalmente atomizadas en numerosos grupos y partidillos que después es muy difícil mantener unidos. Creo que los ciudadanos progresistas están cansados de una izquierda que se apuntilló así misma liquidando la alternativa Prodi con un golpe interno asestado con alevosía y nocturnidad. Aunque el Alcalde de Roma tiene una buena imagen al frente de su consistorio no ha tenido tiempo para consolidar una alternativa a Berlusconi que fuera sólida y generara seguridad entre los ciudadanos por liderar un “polo” igualmente atomizado como el que impidió a Prodi terminar su mandato.
A finales de los años ochenta surgió en Italia la teoría del “partido parlamentario” sus partidarios defendían la tesis de que en las sociedades modernas los partidos estructurados a la antigua usanza con militantes, organizaciones locales, sedes, líderes orgánicos, etc., eran una rémora para el líder, muy caros para mantener, y fuente de todo tipo de corrupción. Así surgió la teoría del “partido parlamentario” que solamente requiere de un líder y de unos buenos candidatos en cada circunscripción, y el grupo parlamentario que surge de las elecciones se convierte en la única estructura del partido. Pues bien, este es el modelo que viene aplicando Berlusconi y en el que se sustenta su liderazgo y desde el que pacta sus alianzas con la Liga del Norte de Bossi y la Alianza Nacional de Fini.
En política casi todo tiene un explicación y las razones que anteceden constituyen elementos sólidos, no los únicos para explicar porqué un personaje como Berlusconi gana elecciones en Italia y en esta ocasión con mayoría absoluta.
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El pasado diez de Abril se cumplieron diez años de la firma de los Acuerdos de Stormont, en virtud de los cuales los ciudadanos del Ulster han vivido una década sin atentados terroristas, sin víctimas mortales y sin violencia. Cuando recuerdo el drama que percibí en un viaje que realicé a la zona en mayo de 1.995, el odio entre comunidades, los muros de separación entre las mismas, la convulsión producida por miles de muertos, en definitiva, un conflicto sin horizontes de solución, pienso hoy que el logro de diez años sin violencia supone un verdadero milagro político. El proceso, como es conocido, no ha estado exento de serias dificultades, que tuvieron como consecuencia la suspensión de la autonomía en varias ocasiones, siempre al borde de la ruptura, pero lo cierto es que ahí están los resultados: Diez años de paz. ¿No es sorprendente que en la actualidad dirijan un gobierno de amplia coalición juntos el ultra conservador Ian Paisley y el antiguo miembro del IRA Martin McGuinness?. Era impensable tan sólo hace muy poco tiempo
Juegos Olímpicos y derechos humanos
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Desde determinadas instancias políticas y organizaciones defensoras de los derechos humanos se ha insinuado o sugerido la posibilidad de boicotear los juegos olímpicos de Pekín o al menos su ceremonia inaugural. Desde mi punto de vista, sería un grave error mezclar el deporte y los problemas políticos a pocos meses de la celebración de los juegos como consecuencia de los acontecimientos que han tenido lugar en el Tibet. En primer lugar porque supone un castigo a quienes nada tienen que ver con los mismos, que son los deportistas. Miles de ellos han dedicado estos últimos cuatro años a una intensa preparación con dedicación de muchas hora de entrenamiento para poder conseguir el sueño de todo atleta, participar en la cumbre mundial del deporte. Todos estos jóvenes deportistas se verían injustamente castigados si las autoridades políticas de sus países de referencia decidieran no participar en las olimpiadas.
En segundo término estaríamos ante un ejercicio de cinismo político descarado porque violación de los derechos humanos y condiciones laborales precapitalistas existían en China cuando el Comité Olímpico Internacional aceptó la candidatura de Pekín para este acontecimiento. Entonces nadie protestó. Ningún gobernante planteó una negativa o un debate sobre la conveniencia de la candidatura de Pekín. Ha hecho falta que se desencadenen los acontecimientos del Tibet para que se despierte una mínima conciencia en Occidente sobre la situación real de China. Los juegos deben respetarse y corresponde a la diplomacia política, con la debida prudencia, presionar por la defensa de los derechos humanos, y a las organizaciones internacionales del trabajo como la OIT, mantener viva la reivindicación de que las relaciones laborales se desarrollen respetando las normas básicas mínimas en el mundo del trabajo. Los amagos de anuncios de boicot a los juegos no son más que fuegos de artificio de políticos con mala conciencia por sus silencios anteriores.
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La revolución cubana se adapta a la revolución tecnológica y acepta los avances mundiales en lo que ha sido una de las grandes transformaciones que hemos vivido en el último tramo del siglo XX, la telefonía móvil, que tiene además indudables consecuencias sociales. Por fin los cubanos podrán comunicarse como el resto del mundo a través de un móvil. Las autoridades de aquel país no han tenido más remedio que legalizar una realidad que suponía que miles de cubanos habían obtenido este tipo de teléfonos por vías indirectas o ilegales. El paso dado por las autoridades de aquel país demuestra que no es posible en el mundo en que vivimos mantener poblaciones enteras como la cubana, once millones de habitantes, al margen de los avances tecnológicos mundiales. El móvil y los ordenadores han supuesto la gran revolución de finales del siglo XX. Era absurda la pretensión, felizmente rota, de pretender que la revolución cubana se pudiera sustraer y vivir al margen de la revolución tecnológica en el ámbito de la comunicación y lo será también sin duda en el de la información. Sin embargo el coste del contrato de un teléfono móvil (75 €) por la apertura de una cuenta, hará imposible que una gran parte de los ciudadanos de Cuba puedan acceder al móvil teniendo en cuenta que el salario medio mensual en Cuba es de 408 pesos que equivalen a 11 euros.
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En una economía mundial los datos macroeconómicos de un país no pueden ser analizados desde el punto de vista de la competitividad de forma estanca, aislados del marco regional de referencia, en el caso de España el europeo. En relación con la inflación debemos tener en cuenta que el montante fundamental de nuestras exportaciones tiene como destinatarios los países europeos. Es cierto que la inflación en España se ha situado, según los últimos datos en un 4,6%, que supone un índice bastante elevado en relación con nuestra propia evolución de los precios al consumo. La inflación en los países de la zona euro se va a situar en un 3,5%, lo cual arroja un diferencial de un 1% lo cual es perfectamente asimilable por la economía española. El problema entonces queda reducido a los efectos internos y afecta más a las rentas más bajas, sin duda, que son las que más se resienten por una inflación alta. En alguna medida estos efectos negativos se verán disminuidos por los anuncios del Presidente Zapatero en relación con la revalorización de pensiones, subida del salario mínimo y ayudas indirectas como lo son la bonificación por nacimiento, el descuento de 400 euros en la declaración de la renta y las ayudas estatales al arrendamiento de viviendas de los jóvenes. Los sectores afectados por estas medidas verán su poder adquisitivo incrementado y los efectos inflacionistas serán algo menores.