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“País Vasco, el pacto necesario.” 12 Mayo 2008

Posteado por Benegas en : El País , trackback

Del resultado de las pasadas elecciones de marzo en el País Vasco se pueden extraer al menos tres conclusiones: Una, el incuestionable éxito del socialismo vasco que no se puede explicar simplemente recurriendo al voto útil. El ascenso tiene más calado y se inició en las últimas elecciones municipales y forales. Dos, la posición de los partidarios del derecho a decidir y de sustituir el actual marco autonómico por una aventura difusa y confusa han perdido terreno frente a los defensores de la Constitución y la autonomía estatuaria, opción que ha resultado claramente mayoritaria en las últimas elecciones. Tres, para desgracia de todos ETA ha vuelto a asesinar en el País Vasco a una persona por sus compromisos políticos. No lo hacía desde que mataron a Joseba Pagazaurtundua en febrero de 2003.

 

Nuevamente una parte de los ciudadanos vascos vuelve a estar en el punto de mira preferente de la organización terrorista y constituyen dentro de la misma Comunidad Autónoma, una “sociedad perseguida”, que vive sin libertad  plena. El Lehendakari y el nacionalismo vasco democrático deben entender  que no somos un pueblo plenamente libre porque una parte no lo es. Siendo esto así, el primer objetivo para todos debería ser conquistar la convivencia de los vascos en libertad. No debiera haber otro proyecto político que tuviera más preeminencia que éste.

 

A esta situación de excepcionalidad democrática es preciso añadirle un elemento que lo complica todo más, cual es la peligrosa tendencia de una parte del nacionalismo a no respetar las reglas del juego democrático. De tal suerte, un día nos encontramos de improviso con una declaración del partido que nos gobierna anunciando unilateralmente en el Parlamento Vasco, que el Estatuto de Gernika había muerto.  Así se enterró un gran pacto de convivencia pretendiendo sustituirlo por una imposición de parte expresada en lo que se conoce como “Plan Ibarreche”, felizmente desautorizado por el Congreso de los Diputados. A mayor abundamiento, tenemos un Lehendakari que no tiene reparos en formular propuestas que no respetan las reglas del juego cuando plantea  para el País Vasco, por ejemplo,  un estatus de libre asociación o anuncia un referéndum ilegal cuyo contenido, además, no ha sido posible conocer a día de hoy. ¿Qué nos quiere preguntar Ibarreche a los vascos? Lo desconocemos.

 

Argumenta para mantener la mencionada consulta, programada para el próximo 25  de octubre, que ha comprometido su palabra con la realización de la misma. Es cierto que así es, tan cierto como que reiteró hasta la saciedad que “se realizaría en ausencia de toda violencia”. Con ETA en activo es fácil suponer que tratará de interferir la consulta, sea cual sea ésta, y que la “sociedad vasca perseguida”, que se opone a la misma, no vivirá momentos de tranquilidad.

 

En estas circunstancias, enterrado unilateralmente el Estatuto de Guernika, roto el marco jurídico – político de entendimiento, con aventuras de autodeterminación de por medio, y con ETA en activo, querido Lehendakari la mayor urgencia política, a mi parecer, reside en alcanzar un gran pacto vasco para la convivencia que nos permita construir un suelo cívico mínimo sobre el que asentar nuestras relaciones  y dirimir nuestras diferencias.

 

Sintetizando, en fin, con un ejemplo para que se entienda lo que sugiero y sólo  con la finalidad de suscitar un debate o una reflexión, desde mi modesta opinión, un pacto vasco por la convivencia debería contemplar los siguientes extremos: 1) Rechazo activo de todo tipo de violencia terrorista. Apoyo permanente a las víctimas y solidaridad con los amenazados. 2) Compromiso de erradicar de nuestra sociedad cualquier tipo de discriminación por razones religiosas, étnicas, políticas, lingüísticas o de lugar de nacimiento. 3) Respeto del imperio de la ley y las reglas del juego establecidas, incluidas las que contiene el Estatuto de Gernika, para su reforma. 4) Cualquier cambio del actual marco jurídico -político deberá sustentarse en  un amplio acuerdo. Para garantizar este principio se requerirá una mayoría de 2/3 del Parlamento Vasco la  modificación del estatus actual. 5) El futuro de Navarra sólo pueden decidirlo los ciudadanos de esta Comunidad Foral. 6) Asumir el compromiso de construir una comunidad o nacionalidad siempre intentando la integración y desechando el frentismo y la exclusión. 

 

Este es el camino posible hacia el entendimiento que requiere una sociedad plural, compleja y atacada por la violencia terrorista. Pretender lograr un acuerdo con Zapatero marginando al socialismo vasco y a otras fuerzas políticas significativas, es decir buscar un pacto en Madrid manteniendo el desacuerdo vasco, es un planteamiento que tiene garantizado el no. Aventurar una consulta popular aboca inevitablemente al enfrentamiento político entre vascos y a las consecuencias de la ilegalidad.

 

Sin embargo, alcanzado un acuerdo de la naturaleza del mencionado o similar los problemas que nos planteamos en la actualidad se pueden encauzar porque la aceptación de estos principios marcan un camino de entendimiento para construir el futuro y, al menos, señalan con claridad qué es lo que no se pude plantear ni hacer. Espero Lehendakari que sea receptivo a las razones de la parte de la sociedad vasca que no comparte sus planteamientos.

 

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