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Crisis o recesión. 2 Julio 2008

Posteado por Benegas en : Siglo, Sin categoría , trackback

Puede parecer una cuestión semántica pero no lo es. Según la terminología económica el diagnóstico de situación de crisis se produce cuando la economía tiene un crecimiento en términos de PIB cero o negativo durante dos trimestres consecutivos. Estamos ante una recesión cuando el crecimiento, siendo todavía positivo, es sensiblemente menor que el alcanzado en los seis meses anteriores. Por lo tanto, el término adecuado para calificar o describir la situación de la economía española es el de recesión. Ahora bien, es conveniente hacer dos puntualizaciones al razonamiento anterior: Primera, que una situación de recesión no excluye que determinados sectores de la economía puedan sufrir una crisis como está ocurriendo en el caso español con el sector de la construcción residencial. Segunda, que una situación de recesión progresiva, si se prolonga en el tiempo, puede abocar en una situación de crisis.

 

En su consecuencia las decisiones y medidas que adopte el gobierno deben tener como objetivo el máximo acortamiento del periodo de recesión. Los entendidos apuntan al año 2009 como punto de inflexión para el inicio de la recuperación. Es posible que así sea pero este vaticinio tiene parámetros de incertidumbre porque nunca se habían producido al mismo tiempo los factores que en estos momentos concurren en la desaceleración económica global. En efecto, hasta ahora no habían coincidido una crisis financiera que se inicia con los efectos perversos de las subprime en USA y se expande al sistema financiero internacional; una crisis energética como consecuencia del encarecimiento rápido y progresivo del petróleo y un incremento desmesurado de determinados productos básicos alimentarios, y de algunas materias primas. La suma de estos dos últimos factores está generando fuertes tensiones inflacionistas que complican más la situación.

 

Es cierto que España tiene saneadas las cuentas  públicas habiendo alcanzado superávits presupuestarios en los últimos años. Contamos con un sistema bancario que ha actuado con rigor y sin aventurismos de ingeniería financiera con productos basura. Es cierto también que la inversión en infraestructuras es alta y se va a hacer un esfuerzo notable en la formación del capital humano y en inversión tecnológica.

 

Sin embargo hay elementos que escapan a la acción del gobierno. La contracción crediticia está siendo muy fuerte y se pueden gripar sectores de la economía que no estaban en crisis pero que necesitan del crédito para su propia actividad y desarrollo. La gente se pregunta, sobre todo a la vista de las ganancias de la banca sobre el porqué de la falta de liquidez que conduce a la contracción del crédito. La respuesta hay que buscarla en el propio sistema financiero español que si bien está saneado estructuralmente ha venido operando complementando el ahorro nacional con una financiación externa importante utilizando el crédito corporativo extranjero que se ha visto, en algunos casos, seriamente afectada por el efecto de las subprime americanas. Todo ello ha producido la falta de liquidez y  la contracción crediticia de la banca española. Este es desde mi punto de vista el mayor riesgo que corre nuestra economía porque se puede traducir en la paralización del crecimiento por falta de financiación.

 

No sé si la oferta de vivienda estaba sobredimensionada por la llamada “burbuja inmobiliaria”. Nuestro mercado inmobiliario además de atender el interno, se extendía en muchas zonas, sobre todo turísticas, a sectores importantes de pensionistas ingleses y alemanes, y nuestra población ha crecido en cuatro millones en poco tiempo. Por lo  tanto el problema reside en la dificultad de importantes sectores de la sociedad para acceder a la vivienda a unos precios desorbitados. Con tipos de interés del 2%, los ciudadanos españoles optaron por la compra de la vivienda, más acorde con nuestros hábitos, en detrimento del alquiler.  La subida de los tipos de interés y las expectativas de aminoración de los precios ha comprimido, en estos momentos, la demanda.

 

El Banco Central Europeo se empeña en no bajar los tipos de interés por temor a incrementar las tensiones inflacionistas. Esta posición es muy discutible cuando en buena medida la inflación en los países europeos, es importada ( petróleo, productos alimentarios) y  no depende  de lo que se pueda hacer desde el BCE. Por el contrario,  una bajada de los tipos de interés mejoraría la competitividad de las empresas europeas frente a USA, permitiría recuperar poder adquisitivo a los ciudadanos incrementando el consumo, y haría más asequible el acceso de los mismos a la adquisición de la vivienda, reactivando, en alguna manera el sector de la construcción. El gobierno español debería mantener una presión, dentro de lo que es posible, para que el BCE bajara los tipos de interés actuales. He reiterado mi posición sobre la contradicción que supone el que las decisiones del Banco Central Europeo, queden fuera de cualquier control o influencia política, cuando sólo desde la política se responde ante los ciudadanos.

 

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