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El diamante vasco. 13 Febrero 2009

Posteado por Benegas en : Siglo , trackback

“Tregua para los civiles” es la expresión acuñada por Albert Camus para reclamar el cese de la violencia y el asesinato de seres inocentes  durante el proceso de independencia de Argelia. Jean Daniel, hasta hace poco director de Nouvelle Observateur, la recupera en un magnífico libro recientemente publicado “Camus a contracorriente”, (Edición Círculo de Lectores) remarcando que “frases como esta siguen siendo válidas para todos los conflictos, y en especial para el existente entre israelitas y palestinos”.

 

La exigencia de Camus de una “tregua para civiles”, es la misma tregua que se exige a Israel con respecto a su invasión militar de Gaza. No es una tregua que resuelva el problema, ni siquiera que plantee los problemas de fondo del ya eterno conflicto, sino que es una tregua humanitaria para que cese la matanza de seres inocentes, de civiles indefensos, de mujeres, de niños, de ancianos. Ante el infierno de Gaza se hace bueno el pragmatismo camusiano cuando exclama ¡Si por lo menos cesara cierto tipo de lucha!

 

En un mundo en el que todo se televisa, incluidas las imágenes que conmueven los cimientos del ser humano sensible, Israel no entiende que acciones militares como las desarrolladas en Gaza en que se llevan  por delante a un dirigente de Hamas y de paso a treinta personas inocentes no sólo no resuelven el conflicto sino que genera más odios hacia el pueblo judío, que no tiene la culpa de las acciones descabelladas de sus dirigentes políticos y militares, dentro y fuera de Israel, significativamente en el mundo árabe. ¿De qué sirvió la guerra del Líbano, los miles de civiles muertos, las bombas de racimo, y las acciones militares teóricamente desplegadas contra Hezbolá? De nada. La estrategia de “Terror sobre terror” no puede conducir a una paz duradera que supongo debe ser el objetivo de los dirigentes políticos de Israel, al menos, deberíamos pensar que así es.

 

Albert Camus es implacable en la condena de la utilización del terror sea de un bando u otro. “¿Cómo condenar – se pregunta – los excesos  de la represión si se ignoran o se callan los excesos de la rebelión? ¿Cómo indignarse por la matanza de prisioneros franceses si aceptamos que se fusile a árabes sin juicio previo?. Cada cual se ve autorizado por el crimen del otro a ir un poco más allá. Pero al final esta lógica no es sino una interminable destrucción”

 

Desde estas páginas no puedo dejar de señalar la tremenda responsabilidad que tuvo Hezbolá por sus acciones contra Israel que desencadenaron después  una respuesta desproporcionada e indiscriminada en la guerra del Líbano y la que ha tenido Hamas con sus provocaciones lanzando cohetes que explotaban en territorio israelí y que no han causado más daños por los sistemas de alerta de que éstos disponen para defender a su población. No quiero pensar, aunque no lo descarto, que estas acciones de Hamas estén guiadas por un locura estratégica que consiste en prender la mecha para que el enemigo tenga una reacción fulminante. Con la estrategia de acción / represión  mantendremos las banderas en alto. Más destrucción por parte judía más militantes para la causa palestina. Si esto fuera así, la dirección de Hamas, que conoce bien a los gobernantes israelitas y las características de sus respuestas, estaría asentada en una estrategia suicida a todas luces contraria a la consecución de un Estado Palestino libre.

 

Jean Daniel en su libro menciona como la cuestión argelina le distanció de Camus. Éste no era partidario de la independencia de Argelia sino de una federación con Francia. Jean Daniel era ferviente partidario de la independencia. Después de algún tiempo sin verse, los dos amigos distanciados discutieron acaloradamente. Relata Jean Daniel que Camus le envió una nota a su domicilio diciéndole: “Lo importante es que estemos desgarrados, tanto vd como yo”.

 

Me pregunto cuánto más tiempo hace falta para que la insostenible situación produzca un desgarro en sectores del pueblo palestino y del judío que produzcan una auténtica rebelión pacifista contra las acciones violentas de Hamas y contra las respuestas desbocadas por la fuerza indiscriminada, desproporcionadas e injustas de Israel o el “vamos pegad más fuerte”, al que hace alusión Camus,  se ha convertido en el criterio dominante en ambos pueblos. Esperamos que no sea así. Ambas partes por sí mismas no son capaces de conseguir la paz. Las heridas están muy abiertas y los odios en un momento álgido. He insistido en muchas ocasiones que un modelo de paz duradera que reconozca los dos Estados debe ser impuesta internacionalmente.

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