Euskadi después del 1 de Marzo. 14 Abril 2009
Posteado por Benegas en : Siglo , trackbackLas reacciones del PNV ante los resultados del 1 de marzo no han sido que digamos muy correctas desde lo que son las pautas de comportamiento democrático. Lo más grave, desde mi punto de vista, ha sido cuestionar la legitimidad democrática de las elecciones por la ausencia de la parte del radicalismo abertzale que no condena la violencia y que los jueces han ilegalizado.
Invocan para mantener el poder y a Ibarretxe como Lehendakari a los supuestos derechos de la lista más votada como si las elecciones fueran presidenciales. Pero no es el caso. El Lehendakari no es elegido por el pueblo. El art. 33-1 del Estatuto de Gernika señala que “El presidente del gobierno será elegido por el Parlamento Vasco y nombrado por el Rey” y según la Ley de gobierno vasca en la investidura se pueden presentar varios candidatos en la misma sesión.
Lo que ha ocurrido en estas elecciones es que el PNV ha conseguido ser el primer partido, pero su opción política de gobierno durante la anterior legislatura ha sido derrotada de una manera contundente. Ezquer Batua y Eusko Alkartasuna no han conseguido ni siquiera la elección de sus líderes.
El frentismo nacionalista y radical de Ibarretxe ha conducido al PNV a la imposibilidad de contar con aliados serios en Euskadi. La aventura de gobernar con una escisión incorporada a las listas de la casa originaria, con los comunistas pesebristas y con apoyos de formaciones políticas que no rechazan la violencia ha terminado. Lo sucedido durante estos años no ha sido una broma. Ibarretxe con los mencionados apoyos e ignorando lo que representaban en el anterior parlamento el PSE y el PP ha intentado ni más ni menos que sustituir el Estatuto de Gernika por el Plan Ibarretxe, uno, dos, etc., para después tratar de imponer el derecho a decidir a través de una confusa e ilegal consulta popular. Esta es la política que ha fracasado en estas elecciones. Por eso hoy el PNV que ha apostado nuevamente por Ibarretxe se encuentra sin aliados para poder gobernar Euskadi.
El socialismo vasco ha obtenido un resultado espectacular, de 18 diputados a 25, del 22% al 30% de los votos. Patxi López y su equipo han hecho una campaña electoral digna de una alta mención, limpia como pocas, sin errores, y con un mensaje que se ha abierto camino, la necesidad de un cambio para iniciar una etapa de diálogo, de acuerdos, de unidad frente a los terroristas, de respeto al Estatuto de Gernika y a sus procedimientos para reformarlo y de lealtad con el gobierno de España. Los excluidos del proyecto ibarretxe, los que viven protegidos por escoltas y amenazados por ETA han conseguido la mayoría absoluta y tienen, tenemos, todo el derecho a producir el cambio que hemos defendido ante el electorado.
Dos consideraciones más sobre estas elecciones y el futuro: Una, la composición actual del Parlamento Vasco no va a permitir más aventuras soberanistas. La unidad de España, además de por la Constitución, queda garantizada por el voto popular de los vascos. Ahora bien, debemos ser conscientes de que no todo está resuelto, y que tenemos la oportunidad de hacer avanzar el modelo que se sintetiza en “más autogobierno dentro de España”, frente a las tentaciones independentistas.
Segunda consideración: me parece significativo el resultado que ha obtenido Aralar porque es la demostración de que las opiniones radicales independentistas no violentas son legítimas, pueden defender sus ideas, participar e influir políticamente, gestionar ámbitos de poder público. Aralar ha tenido la valentía de confrontar el peso y la aceptación de su proyecto político con los ciudadanos. Vienen de donde vienen, son odiados por los que se empeñan en la vía de las metralletas, y están siendo tenaces en la defensa de sus ideas. Desde mi punto de vista merecen un respeto y un reconocimiento.
El socialismo vasco, cuya trayectoria de dignidad política, consistencia ante los momentos difíciles y ejemplo de valentía en la lucha contra la violencia, y Patxi López en particular, tenemos una responsabilidad histórica, que consiste en que un gobierno no nacionalista, sea capaz de construir un país en el que nos sintamos cómodos todos menos los violentos. El nuevo Lehendakari tiene que tener plena libertad para asumir su responsabilidad, porque tiene que pensar en todos, no sólo en su partido y en sus apoyos, porque tiene que ser generoso y comprensivo con los que pierden el poder, y porque debe formar un gobierno de los mejores para afrontar un reto que puede tener dimensiones históricas y que no estará exento de dificultades. En todo caso nada será igual en el País Vasco después del 1 de marzo de 2009.
Comentarios
Lo sentimos; los comentarios estn cerrados para este post