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Las democracias irreflexivas 3 Noviembre 2009

Posteado por Benegas en : Siglo , trackback

Las democracias irreflexivas

 

En las sociedades modernas la aceleración sucesiva de acontecimientos de toda índole es un hecho incuestionable, lo mismo que la omnipresencia de los medios de comunicación en la vida habitual de los ciudadanos. Vivimos,  por tanto, en sociedades aceleradas en las que lo mediático tiene una gran preponderancia. No es muy usual encontrarse con análisis políticos sobre la democracia y la política, profundos e innovadores. La revista vasca “Cuadernos de Alzate” publica en su número 40 un espléndido ensayo del abogado J.M. Ruiz Soroa sobre, “las democracias aceleradas”, en el que analiza las consecuencias sociales y políticas de tal circunstancia.

 

La sucesión vertiginosa de acontecimientos, ampliamente difundida por los medios de comunicación, desde mi punto de vista, origina uno de nuestros principales males políticos cual es el “prontismo en la respuesta”, la falta de razonamientos y de pedagogía política. Al tener que ajustarse a los tiempos de los informativos se produce una peligrosa simplificación de los mensajes políticos. La consecuencia más grave es la falta de reflexión.  La urgencia en las respuestas induce a los políticos a una improvisación permanente agobiados por la presión de los medios de comunicación. Las negociaciones políticas, siempre necesarias, no se desarrollan con el necesario sosiego sino que habitualmente se realizan  a través de los medios de comunicación, lo que dificulta cualquier cesión posterior necesaria para el pacto.

 

Soroa a lo largo del mencionado ensayo desbroza las consecuencias de la aceleración en la vida política. La democracia acelerada conduce  a la inseguridad de los ciudadanos, el “presente es demasiado heterogéneo y caótico como para proporcionarles un equilibrio o una dirección en sus ideas y emociones. La aceleración impide configurar un sentido amplio y estable a la propia vida de los ciudadanos y dibuja futuros cuando menos inciertos”.

 

Otra de las consecuencias que señala Ruiz Soroa referidas a la política es el imperio del “presentismo” y el “cortoplacismo” de la acción de los gobiernos / oposición en los regímenes democráticos actuales. Se produce una “relación de tiempo corto” de la política de gobierno que conduce a respuestas fragmentadas, sectoriales, urgentes, que impiden el diseño de un proyecto de futuro estable que genere confianza y seguridad en los ciudadanos. Ruiz Soroa señala que una de las consecuencias de lo anterior es la producción de una “hiperlegislación incontinente y turbopropulsada” precisamente por lo cual su vigencia o permanencia en el tiempo es limitadísima. Los políticos tienen tal cúmulo de problemas que afrontar que se recurre a la legislación múltiple  para transmitir capacidad de respuesta ante los problemas. Se produce tal inflación de leyes que resulta ya imposible determinar con precisión cuál es el derecho vigente”.

 

Añade el autor que otro de los efectos que se producen en las democracias aceleradas es algo similar a “una ilusoria democracia instantánea, en la que “ el gobernante conoce en tiempo real la opinión pública y se esfuerza desesperadamente por no contrariarla, (…) lo cual conduce a una forma de gobernar  en que el político siegue a lo que percibe como opinión del público, en lugar de intentar arrastrarla tras de sí”. Es evidente que toda generalización tiene sus excepciones. En los momentos actuales cabe señalar como ejemplos contrarios a lo señalado la reforma sanitaria propuesta por Obama en USA, o la subida de impuestos decidida por R. Zapatero para controlar el déficit. En el pasado se puede citar la reconversión industrial impulsada por Felipe González.

 

Mucho se ha discutido sobre la ausencia de liderazgos políticos fuertes en el mundo en que vivimos en el nivel global y en el regional, por ejemplo, el europeo. Al menos esto era así hasta la irrupción de Barak Obama en la política americana y su triunfo en las elecciones presidenciales. Y si descendemos a los ámbitos ideológicos se produce el mismo fenómeno, buen ejemplo de ello es la socialdemocracia europea. Desaparecido  Olof Palme, Kreisky, F. Mitterand, W. Brandt, y situado en segundo plano F. González no han surgido en el ámbito del socialismo democrático líderes con la personalidad de los mencionados.

 

Ruiz Soroa aborda este problema señalando que al margen del azar biológico y de la circunstancia cultural que hace surgir o no grandes personalidades en cada momento, “lo que sucede es que el liderazgo se ha vuelto contradictorio con los requerimientos de una democracia acelerada: La política reactiva, defensiva, seguidista de la opinión, temerosa del juicio del futuro, es todo lo contrario de una política de liderazgo fuerte”. Entiendo que también influye la complejidad de las sociedades modernas, la acumulación de múltiples problemas y las urgencias, a veces justificadas pero otras no, para que los políticos encuentren una pronta solución a los mismos cuando no todo depende de los gobernantes nacionales en un mundo interdependiente.  Ruiz  Soroa sitúa lo que antecede en una  “imagen de los políticos como bomberos que siempre llegan tarde y mal a los incendios generando una desconfianza hacia la clase política, a lo que se percibe por amplios sectores sociales como incompetente y autista”.

 

Una de las consideraciones de Soroa que me parece más interesante es la que hace referencia a que en las democracias aceleradas e irreflexivas se produce “la fragmentación del espacio público”. Lo fundamenta en que la sociedad ha dejado de dividirse en grandes clases homogéneas y se presenta cada vez más como la suma de muchas minorías de afectados o perjudicados, de composición fluida e inestable (…) cuyas voces  y peticiones son lo que reciben los gobiernos en forma de demandas / temores inconexos y contradictorias imposibles de agrupar en un proyecto político  común”.  Para Soroa esta fragmentación trae como consecuencia que los ejecutivos se conviertan en gobiernos reactivos “que van poniendo parches en conflictos puntuales sin tener tiempo para pararse a construir un modelo coherente de política global. Es la desestructuración del espacio común de la política y su sustitución por una lista de damnificados o protestantes a los que cuidar”.

 

Una de las maneras de paliar los males antedichos es creando foros institucionalizados de debate que escapen de la vorágine del día a día y puedan introducir la calma necesaria para alcanzar reflexiones y propuestas útiles sobre el futuro. Sarkozy está utilizando a dos ex primer ministros Michel Rocard y Alain Juppe para este tipo de trabajos con encomiendas expresas, por ejemplo, presidir juntos una comisión que reflexione sobre las prioridades del endeudamiento público. Se trata de orientar la inversión pública hacia sectores estratégicos que serán rentables en el futuro.

 

En este sentido es de suma importancia, quizá sea el proyecto clave de esta legislatura, el anuncio hecho por R. Zapatero de la Ley que pretende diseñar las bases de un  nuevo modelo económico para España porque saldríamos del cortoplacismo, ineludible dada las características de la crisis que vivimos, para pasar a una reflexión sobre el futuro de nuestro país. Recomendaría que este proyecto se discuta con calma, sin prisas, ampliando al máximo la participación en las deliberaciones y buscando un gran acuerdo nacional.

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