Prostitución: regularización o prohibición. 3 Noviembre 2009
Posteado por Benegas en : Siglo , trackbackProstitución: regularización o prohibición.
En la sociedad española se está acentuando el dogmatismo y la intransigencia a la hora de debatir sobre cualquier tema. Recientemente ha ocurrido, por ejemplo, en relación con los problemas de la prostitución que ha sido nuevamente objeto de debate recientemente en el Congreso de los Diputados. Las opiniones se dividen acaloradamente entre quienes propugnan la prohibición y los que defienden la regularización de esta actividad. Se nos pide además que nos pronunciemos como si no hubiera espacios intermedios, soluciones parciales, por ejemplo, que puedan tener componentes de prohibición limitada y regulaciones parciales.
Dicho sea de paso, está también sucediendo en relación a la interrupción voluntaria del embarazo. Se nos pretende situar entre partidarios del aborto y contrarios al mismo estableciendo un dilema, desde mi punto de vista, equivocado en su planteamiento inicial. Desde una perspectiva humanista nadie puede estar a favor del aborto en sí mismo. En una sociedad utópica el ideal consistiría en que ninguna mujer se tuviera que encontrar en la tesitura de tener que abortar, salvo en los casos de riesgo para la vida de la madre, malformaciones del feto, violaciones, etc. No estamos en una sociedad ideal y por lo tanto cuando se legisla sobre la interrupción del embarazo lo que se está haciendo es afrontar una realidad y un problema social desde una perspectiva en la que prima la libertad de la madre para decidir en determinadas condiciones sobre su maternidad. No estamos a favor del aborto sino a favor de la libertad de decidir de la mujer.
Volviendo a la prostitución, sobre la que se dice que es la profesión más antigua del mundo, claro está sin olvidar a las comadronas, que tal actividad no es unívoca en las causas que inducen a su práctica. Al menos se podrían distinguir dos grandes apartados. La prostitución que se origina por la pobreza, la falta de educación, la exclusión, la marginación, la tenencia de hijos a muy temprana edad, etc, que inducen a la utilización del propio cuerpo para sobrevivir. Este aspecto social es del que se nutren las mafias, los proxenetas que articulan la trata de mujeres y generan situaciones de verdadera esclavitud, amenazas y malos tratos y relaciones de dominación total.
En el otro apartado causal podemos situar como eje fundamental la obtención de dinero fácil y abundante. Este tipo de prostitución no se genera necesariamente por la pobreza sino por un afán de lucro cómodo y normalmente es una prostitución de alto standing, que si se ejercita en privado, es imposible de prohibir. Resta señalar que también existe una prostitución temporal, por ejemplo la que se da entre estudiantes sin medios, que la practican durante un tiempo para costearse los estudios o la que tiene como objetivo atender a los padres a los que las circunstancias de la vida les ha ubicado en situaciones de extrema pobreza.
Hechas estas distinciones señalaré que la prohibición total de la prostitución sólo puede implantarse mediante una persecución sancionadora de la misma con derivaciones penales. En estos supuestos el Estado se convierte en un inquisidor sobre conductas que en definitiva son privadas. Si además la prohibición se implanta sin ninguna política de reinserción social el primer efecto es la “clandestinización” de la prostitución y que las mafias mantengan una fuerte disciplina sobre las mujeres que esclavizan para no ser descubiertos, endureciendo sus tratos vejatorios a las mismas. Clandestino
La regularización de los derechos y obligaciones tiene un serio inconveniente en el terreno de los principios y valores cual es el que el Estado aparezca como garante del ejercicio de la prostitución. Creo, y lo expreso sin dogmatismos y con todo tipo de cautelas, que deberíamos afrontar el problema desde terrenos intermedios. Señalo algunos: Prohibición de la prostitución callejera. Su implantación debe ser progresiva con una actuación disuasoria y correcta de las policías locales y no meramente represiva. Persecución penal implacable de las mafias de proxenetas, aplicando el Plan integral contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexuales aprobado por las Cortes, para lo cual deberían existir brigadas policiales especializadas en este ámbito. Control riguroso de los locales en los que se practica la prostitución y exigencia del pago de los pertinentes impuestos. Prohibición de la publicidad sexual en los medios de comunicación generalistas. Aprobación de programas de reinserción social dotados de fondos públicos para ayudar a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupación y financiar acciones concretas para inducir a que el abandono se produzca.
Se trataría de salir del debate maximalista entre prohibición o regularización y adoptar medidas concretas que permitan combatir a las mafias y reducir la práctica de la prostitución.
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