Socialdemocracia y capitalismo. 3 Noviembre 2009
Posteado por Benegas en : Siglo , trackbackSocialdemocracia y capitalismo.
Paolo Flores D ´Arcais ha publicado recientemente un artículo sobre “la traición de la socialdemocracia” (El País 25/10/09) que me sugiere algunos comentarios. En primer término una puntualización histórica. Señala el autor como introducción a sus tesis que “la socialdemocracia nació como una alternativa al comunismo en la defensa de la igualdad contra el sistema de privilegios”. No fue así, el socialismo democrático, aquel que centraba la emancipación del ser humano en la profundización de la libertad, es muy anterior al triunfo del comunismo en Rusia en 1917, y a la fundación de la III Internacional. En general los partidos comunistas europeos nacieron de escisiones de los partidos socialistas. En nuestro caso primero de una escisión de las juventudes socialistas en 1919, y, en su segunda fase, en el Congreso del PSOE de 1920 en el que se debatió el informe de Fernando de los Ríos contrario al ingreso de partido en la Internacional Comunista. Conocido es el diálogo entre nuestro dirigente con Lenin cuando le pregunta por la libertad y éste le contesta: “¿libertad para qué?” “libertad para ser libres”, le responde Fernando. En el socialismo español el concepto de libertad ha desempañado siempre un papel central. Pablo Iglesias escribía en El Socialista en abril de 1924 que “el socialismo encarna en sí el espíritu liberal más puro y amplio. Cuando triunfe dará a todos los seres humanos garantías de independencia y libertad que no han tenido jamás”
La crisis de la socialdemocracia la sitúa Paolo Flores D ´ Arcais en una tendencia de la izquierda democrática a acomodarse a una mera gestión del capitalismo, un poco menos salvaje que el de las opciones conservadoras, renunciando a “condicionar a través de las reformas la lógica del mercado, volviéndola socialmente virtuosa y sometiéndola a los imperativos de una constante redistribución del superávit tendente a la igualdad”. Añade el articulista, mencionando las políticas de Blair y Schröeder, la reflexión “ ¿de qué puede servir una izquierda que lleva a cabo políticas de derechas, si no a preparar el retorno del original? Creo que la gran confusión de la socialdemocracia se produce cuando al abandonar el objetivo de “la colectivización de los medios de producción” se asume la economía de mercado dando por sentado que la misma implica la aceptación del capitalismo. Se identifica mercado y capitalismo cuando son dos cosas diferentes. El mercado es un sistema de asignación de recursos y el capitalismo es una concepción de las relaciones económicas y de la vida de los seres humanos que tiene sus leyes, sus principios y sus valores o, mejor dicho, sus anti – valores. Así las cosas, la línea divisoria entre derecha e izquierda se difumina.
Se acepta el mercado pero no se plantea el modelo de civilización que se persigue situando los valores socialdemócratas como alternativos y éticamente superiores a los del capitalismo. Musil definió el capitalismo “como la organización del egoísmo”. Hoy al igual que ayer en otras circunstancias, estamos en disposición de hacer un listado de los antivalores que desde el socialismo democrático debemos combatir: El individualismo insolidario y egoísta, ajeno a los problemas de los demás; el imperio de la ley del más fuerte y el abandono a su suerte de los más desfavorecidos; el objetivo del beneficio máximo antepuesto a los problemas humanos; el éxito “social” y el dinero como elementos motivadores del ser individual; la desigualdad como criterio sobre el que el sistema construye y fundamenta su funcionamiento. los “ejércitos de reserva” producen la plusvalía; cuando los nacionales se agotan o aumentan su cualificación, la búsqueda se traslada fuera de sus fronteras; la renuncia expresa a cualquier sentimiento de justicia social; el objetivo de la producción y optimación del beneficio a costa del deterioro de la naturaleza; la uniformalización de las personas mediante la imposición de hábitos consumistas
Parece obvio que, frente a estos valores capitalistas, los de la igualdad, justicia, solidaridad, tolerancia, defensa del medio ambiente, lucha contra la exclusión social, la marginación y la pobreza, y la búsqueda permanente de la paz, son éticamente superiores; pero la batalla por su supremacía, es algo por conquistar.
En suma, significa para los gobernantes que se proclaman socialistas, dotarse del coraje y la voluntad de encarnar otros valores diferentes a los del capitalismo. Es decir, aceptar el capitalismo como economicismo pero rechazarlo como civilización. (Max Gallo)
No nos engañemos. Estamos ante una crisis de civilización a la que solamente se puede responder mediante una alternativa de civilización vinculada, sin equívocos, a la irreductible vocación por hacer prevalecer la justicia sobre la injusticia, la igualdad sobre la desigualdad, la solidaridad sobre el egoísmo, y la paz sobre la intolerancia, el fanatismo, y la violencia. Es decir, reivindicar la supremacía de los valores socialdemócratas.
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