Ataques a España I. 9 Marzo 2010
Posteado por Benegas en : Siglo , trackbackLa asunción por parte de España de la Presidencia de la Unión Europea ha suscitado una serie de ataques, foráneos e internos, provenientes de medios de comunicación, columnistas de renombrados periódicos extranjeros y, como no podía ser menos, de tertulianos nacionales, y dirigentes de la oposición. Desde el punto de vista exterior no estamos ante algo nuevo. Determinados organismos internacionales, Institutos de opinión pública, organismos que dicen analizar sociológicamente el consumo de droga, o la calidad de la enseñanza o el bienestar de los ciudadanos, tienen un extraña tendencia a situar a España como un espacio en el que se acumulan males de todo tipo. No sabemos si la misma obedece a una mala información o podríamos llegar a pensar en tramas negras interesadas en el desprestigio de nuestro país.
Casi sin empezar la Presidencia española de la Unión Europea ha aflorado una línea de ataque reiterado desde diferentes ámbitos y fundamentado en un mensaje central: La presidencia española será débil porque nuestra crisis económica es más grave que la de otros países europeos y tenemos cifras muy altas de desempleo. Se añade que desde esta situación no se puede dar lecciones a nadie sobre los problemas de la Unión Europea, como si alguien pretendiera darlas.
Este ataque puede tener su eficacia, sin duda, pero está fundamentado en un análisis que no tiene ninguna perspectiva de lo que fue nuestro pasado ni sobre las potencialidades de futuro. Los que somos conscientes de nuestra historia sabemos que en el último periodo, digamos dos décadas, España ha sido un país emergente en Europa, quizá el que más se ha desarrollado y crecido económica y socialmente. El que era uno de los países más subdesarrollados del continente se ha convertido en poco tiempo en la octava potencia industrial del mundo, disponiendo de más kilómetros de tren de alta velocidad de Europa, más kilómetros de autopistas y autovías, aeropuertos más modernos y descentralizados, y es vanguardia a nivel mundial, por ejemplo, en el sector de las energías renovables. España dispone hoy de una sanidad pública con prestaciones universales para toda la población sólo superada en calidad por Alemania y bastante por encima de la de Gran Bretaña que, tan sólo hace treinta años, era un modelo referencial para nosotros. A pesar de todos los avatares nuestra Seguridad Social está saneada y cuenta con un fondo de reserva de más de 40.000 millones de euros. España tenía un sur pobre, atrasado, subdesarrollado y hoy podemos decir que hemos alejado el peligro y el drama de tener un mesogiorno como Italia, por ejemplo. Somos la segunda potencia turística de Europa y si midiéramos nuestra calidad de vida tenemos poco que envidiar a otros países de nuestro entorno.
Se dirá que este es un análisis triunfalista sobre nuestra situación, pero los que anteceden constituyen algunos de nuestros méritos cuando, no hace tanto tiempo, para muchos europeos África empezaba en los Pirineos. Debo añadir que en contra de la tendencia imperante opino que el modelo de crecimiento aplicado en los últimos treinta años era el más adecuado para un país subdesarrollado como España y ha producido unos resultados que nos han permitido recuperar en tiempo record nuestro atraso secular con respecto a los principales países europeos. Es evidente que el modelo tenía sus riesgos y lo hemos comprobado durante la actual crisis al demostrarse insostenible el crecimiento inmobiliario desproporcionado produciéndose su desplome y la expulsión del mercado de trabajo de millón y medio de personas. Nuestro actual nivel de desarrollo requiere de un nuevo modelo de crecimiento tal como ha planteado el gobierno.
Es obvio que nuestro principal dato negativo, que da pie a los intentos de desprestigio de nuestra Presidencia europea, es el paro, y lo es tanto desde un punto de vista humano como del coste que supone el seguro de desempleo para el erario público. También sobre esta cuestión cabría hacer algunas consideraciones. En nuestros momentos de más alto crecimiento económico hemos convivido con cerca de dos millones de parados. En una década 2000 – 2010 hemos acogido a más de cinco millones de emigrantes pasando la población residente en España de 40 a 46 millones. Mientras fuimos capaces de mantener un alto crecimiento en el sector de la construcción, y la demanda de empleo en otros ámbitos como el servicio doméstico, el sanitario o el campo fuimos capaces de dar trabajo a una buena parte de estas personas que vinieron a nuestra tierra desde otros países. A pesar de todo hoy trabajan en España en torno a tres millones más de ciudadanos que en el año 2.000.
En la actualidad no hay ningún Primer Ministro Europeo que no tenga serios problemas internos en su país como consecuencia de la crisis. No estaría mal que algunos medios de comunicación ingleses pensaran sobre la situación de su Primer Ministro, Sr. Brown, ante de atacar a Zapatero que tiene la oportunidad de desempeñar muy dignamente la Presidencia de la U.E, tema que desarrollaré en el próximo artículo.
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