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Herejes 9 Marzo 2010

Posteado por Benegas en : Siglo , trackback

Soy agnóstico a mi pesar y a ello contribuye con tenacidad diaria una jerarquía eclesiástica que padece un profundo anquilosamiento desde el que se permiten afirmaciones graves sin ningún tipo de pudor y máxima tranquilidad y todo bajo el amparo del paraguas celeste que supone hablar en nombre de Cristo, de Jesús o de Dios. Tiene uno la impresión de que el sacrificio de la crucifixión ha servido de poco para el aparato eclesial español. Lo que ocurre en la Iglesia Católica española no tiene parangón en el mundo civilizado. Nadie ha llegado tan lejos. Ha supuesto  una losa permanente en la historia de España la presencia de una jerarquía eclesial tan recalcitrante y lo más grave es que no se han contagiado ni un ápice de la modernización y democratización de España. Esta situación choca con nuestra otra realidad, el país  que más misioneros y misioneras aportamos para atender problemas en los países más pobres, conflictivos y menos desarrollados del mundo y que  con su dedicación y abnegación merecen el máximo respeto. Significan el único aire puro que se respira en una Iglesia anclada todavía en la Edad Media. No puede entenderse de otra manera la acusación de “ser cómplices de asesinato” para aquellos diputados que apoyen la Ley de Interrupción voluntaria del embarazo, actualmente en discusión en las Cortes. Otros Obispos nos llamaron  herejes, y la Conferencia Episcopal ha concluido en un documento oficial señalando que “quien apoye, vote, o promueva esa Ley, está en pecado mortal público y no puede ser admitido a la sagrada comunión. Quitar la vida a un ser humano es contradictorio con la fe católica, quienes contribuyan en ello están en la herejía y, por tanto, excomulgados”. Luego matizan y dice que estarán  “en una situación objetiva de pecado y no podrán comulgar” ¿Pero qué Iglesia es esta? Entiendo que estén en contra del aborto (mejor interrupción voluntaria de embarazo) y se dirijan a sus seguidores para que no lo practiquen. Pero de ahí a calificar de herejes a los representantes democráticos del pueblo que libremente optan por una decisión en el parlamento,  nos retrotrae a la Edad Media, es un injerencia inadmisible de la Iglesia en el funcionamiento democrático, y demos gracias el Señor porque no existe la Inquisición y no disponen del instrumento adecuado y necesario para que sus señorías acaben en la hoguera.

No puedo entender como los católicos españoles pueden permanecer silenciosos ante tantos despropósitos de sus dirigentes. Comprendo que la Santa Madre Iglesia es una de las Instituciones más antidemocráticas en su funcionamiento interno de las que tienen actividades públicas  en nuestra sociedad y que no existen cauces establecidos para  plantear discrepancias, que supongo que, en caso de producirse, sufrirían la misma descalificación que han merecido los representantes de la voluntad popular. A pesar de esta circunstancia no puedo entender el que no exista una corriente discrepante que abogue por una Iglesia democrática, moderna, que ponga un valor los fundamentos del  humanismo cristiano,  desprestigiado hoy,  como sucedió en épocas pasadas, por jerarquías que añoran las épocas de  la primacía del poder eclesiástico sobre el político.

La única manera de que la Iglesia entienda en qué consiste en una democracia la autonomía del poder político democrático es suprimiendo la casilla de su financiación en el impreso de la declaración  del impuesto sobre la renta de las personas físicas, dando  paso a la separación económica definitiva entre el Estado y la Iglesia. Modelo francés por ejemplo. Mantener un sistema  por el que contribuye a la financiación de una Institución, en este caso de carácter religioso, puede ser tachado de “cómplice de asesinato”, de herejía y no sé qué más cosas no es muy sostenible desde la dignidad del Estado. O los ámbitos de competencia quedan claros y la soberanía popular queda protegida de tales ataques inadmisibles en una democracia o los papeles entre Iglesia y Estado vuelven a estar confundidos. No se invoque la libertad de expresión porque la acusación de  complicidad de asesinato no  entra dentro de este ámbito sino en el de la imputación de un delito. La Iglesia puede decir lo que quiera cuando se dirija a sus fieles, pero no cuando lo hace en relación con los poderes públicos democráticos elegidos por el pueblo.

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Una nueva constatación de que la Iglesia vive al margen de la realidad social española la aporta los datos del sondeo del gobierno hecho público por la Cadena SER

El 80% de los españoles cree que la ley debe considerar el aborto como un derecho de las mujeres y el 87% respalda la necesidad de una nueva ley del aborto que ofrezca más seguridad jurídica a las mujeres y a los profesionales. Ocho de cada diez se declara a favor del derecho libre de la mujer a decidir en las primeras semanas de gestación. El respaldo incluye a los votantes del PP e incluso a los católicos. El 64% de los que votaron a Rajoy y el 63% de los que dicen ir a misa se muestran favorables al derecho al aborto de las mujeres. Esta es nuestra realidad social.

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