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Pesimismo en torno a Oriente Próximo. 9 Marzo 2010

Posteado por Benegas en : Siglo , trackback

Recientemente he formado parte de una delegación de la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados que ha visitado Israel y Palestina manteniendo entrevistas con relevantes autoridades de ambas partes. La vuelta a Madrid estuvo marcada por una impresión pesimista sobre la situación actual. Es imposible que israelitas y palestinos logren un acuerdo de paz por sí mismos si la Comunidad Internacional no ejerce una presión muy fuerte, sin vacilaciones, con un  método claro y un proyecto definido sobre las bases en las que fundamentar la paz en la región.

La impresión percibida es que las autoridades israelitas no están  especialmente  preocupadas por el problema Palestino. Desde la fundación del Estado de Israel sus gobernantes, no importa su signo político, viven obsesionados, sin que les falte razón, por su seguridad y supervivencia. Hoy su principal problema e inquietud proviene de Irán que ha preconizado públicamente la destrucción del Estado judío, y que pudiera lograr la fabricación de armamento nuclear. Siendo esta circunstancia muy determinante de las preocupaciones israelitas, no lo es menos la creciente injerencia e influencia iraní en Hezbolá y Hamas a partir del suministro de armamento y financiación económica muy significativa. Este extremo es ampliamente confirmado por los dirigentes de Al Fatah hasta el punto de  asegurar que cada vez que se producen pasos importantes para la reconciliación palestina éstos son interferidos negativamente por Irán.

A esta influencia atribuyen que en última instancia Hamas no suscribiera el documento elaborado por la mediación egipcia para la reconciliación nacional palestina. Irán trata de impedir por todos los medios que Hamas de el paso hacia una fórmula de paz que implique la existencia de dos Estados y por consiguiente el reconocimiento explícito del Estado de Israel. Esta situación  tiene como consecuencia inmediata  que cuando se habla de paz en la región los políticos israelíes aduzcan como uno de los escollos  para avanzar en un diálogo constructivo la división del pueblo palestino y la representatividad limitada y debilitada de Al Fatah y de su principal líder, una vez  desaparecido Arafat, Mahmud  Abbas. Unos lo invocan como un dato objetivo de la realidad y otros, los que no quieren reconocer el derecho de un Estado para el pueblo palestino, lo utilizan para negar legitimidad  a esta aspiración y entorpecer cualquier aproximación en este sentido.

Es cierto que en medio de este panorama desalentador se ha producido un acontecimiento positivo. Netanyahu ha dado el paso, por primera vez, de reconocer que la solución puede pasar por el establecimiento de dos Estados independientes como fórmula de solución al conflicto. Todos los problemas que implica esta vía, delimitación de fronteras, asentamientos, derecho de retorno de los refugiados, desmilitarización, etc., quedan en la indefinición y constituyen problemas pendientes para que la fórmula cobre carta de naturaleza y pueda convertirse en una realidad. Ahora bien este cambio de posición de Netanyahu , ¿es táctico dilatorio o por el contrario obedece a un convencimiento sólido y sincero sobre una fórmula que propicie un camino hacia la paz definitiva? La duda surge cuando esta declaración es acompañada de una intensificación sin precedentes de nuevos asentamientos en los territorios ocupados. En opinión del primer ministro palestino este incremento puede convertir en inviable el planteamiento de dos Estados independientes.

En el ámbito palestino la desmoralización y la desesperanza es un sentimiento generalizado lo mismo que la advertencia, para quien quiera oírles relativa a que una situación como la actual sólo beneficia a Hamas y puede ser  caldo de cultivo de nuevos brotes de violencia.  Desde los acuerdos de Oslo, “los moderados”  no han podido ofrecer a sus ciudadanos resultados prácticos positivos y tangibles. Varias son las causas que a partir de esta situación de ánimo han  llevado a  Mahmud Abbas, a anunciar que no se presentará a la reelección. El cambio de posición de USA en relación con la detención total del desarrollo de nuevos asentamientos situado en la hoja de ruta por la administración Obama como condición previa. Hillary Clinton ha cambiado la posición anunciando que no situará la detención de los asentamientos como condición imprescindible para reanudar con garantías las conversaciones entre las partes. El mediador George Mitchell ha transmitido a las autoridades palestinas que le ha sido imposible conseguir de Israel la paralización de los asentamientos. Este mensaje es interpretado por las autoridades palestinas como una falta de voluntad por parte de USA ante el gobierno israelí y un refuerzo de la autonomía judía para implicarse en relación con su alidado americano. USA no termina de dejar de ser un aliado de una parte un vez de convertirse en árbitro activo del conflicto. Para los palestinos las esperanzas depositadas en Obama comienzan a esfumarse. Insisten una y otra vez en que no pueden iniciar un diálogo en un escenario en que se está produciendo un incremento inusitado de los asentamientos. “Sería – comentan – un suicidio para cualquier líder árabe que lo intentara en estas condiciones”.

 

La otra causa de la desmoralización de los palestinos pragmáticos es Hamas, su radicalización, y su creciente poder armamentístico y financiero en virtud de la injerencia  intensa de Irán en el Oriente próximo. Como se ha mencionado Hamas no ha firmado el documento egipcio sobre las bases de la reconciliación palestina. Ante la convocatoria de elecciones para el próximo febrero hecho por el Presidente Abbas ha anunciado que no participará en las elecciones. Como consecuencia de este anuncio la realidad es que Al Fatah considera de manera negativa la celebración de elecciones en una parte del territorio y no en Gaza. Entienden que sería la consumación de dos gobiernos palestinos de facto. Prefieren que no haya elecciones, lo cual refuerza  el poder de Hamas que puede condicionar las decisiones de la Autoridad Palestina hasta el punto de boicotear unas elecciones.  La expansión de los asentamientos, la “traición de Obama”, y la actitud radical de Hamas es lo que ha inducido  a Abbas a anunciar, a pesar de las presiones recibidas en contra, incluido Simón Peres, que no se presentará a la reelección. De consumarse esta decisión significaría una crisis de liderazgo de la causa palestina y la consolidación de la teoría israelí de que no tienen interlocutor válido para abordar un proceso de paz.

 

Esta es la situación que va a tener que afrontar la Presidencia española de la Unión Europea que por otra parte ha situado el impulso del proceso de paz en el Oriente próximo como una de sus prioridades. La papeleta no es fácil. Creo que el primer objetivo de la presidencia española sería desbloquear la situación actual para lo cual se requiere la definición de una metodología clara para afrontar el proceso de diálogo. Sabemos que en una negociación de estas características la metodología afecta a los problemas de fondo. Me atrevo a mencionar algunas cuestiones, empezando por los interlocutores, distinguiendo  entre  los directos, los de influencia decisiva, y los necesarios en una solución final. Los directos son obvios, Israel y Palestina, los de influencia decisiva los integran el cuarteto, es decir,  USA, Europa, Rusia y Naciones Unidas, y los necesarios en una solución final serían, entre otros, Siria, Egipto,  el Líbano, Turquía e Irán.  Es imposible desde mi punto de vista que las partes  directamente afectadas puedan por sí mismas llegar a un acuerdo. Habría que operar en estos tres ámbitos por círculos concéntricos complementarios. Un último comentario sobre este tema, USA debería estar sometida a acuerdos colegiados del cuarteto. Segunda cuestión metodología , ¿se admiten o no cuestiones previas?. Se puede aceptar que no existan pero  en el bien entendido que la primera fase de la negociación tiene un primer punto que es la detención por parte de Israel  de los asentamientos en los territorios ocupados y la decisión no puede ser otra que la paralización de los mismos. Es decir no es condición previa, pero sí necesaria en el momento del inicio del diálogo. Tercera cuestión la agenda de los temas a tratar debe establecerse tomando como punto de partida que la solución pasa por el establecimiento de dos Estados independientes. Aceptado este planteamiento queda un listado muy amplio de problemas  por resolver. Quiero  insistir en que el primer acuerdo debe ser sobre una metodología  clara que permita el inicio del diálogo y las pautas a seguir. Si lo consiguiera la Presidencia española, que tiene buenas condiciones para ello, sería un paso muy importante para comenzar a poder hablar de una  paz posible en Oriente próximo.

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