Una huelga poco clara. 21 Febrero 2011
Posteado por Benegas en : Diario Vasco , trackbackA lo largo de la historia del movimiento obrero, más llena de fracasos que de victorias, la convocatoria de huelga general ha sido un recurso extremo. Así es porque una huelga general es esencialmente política. Se convoca contra el Gobierno de turno, no contra los empresarios. En general se pretende o bien la caída del gobierno o su desgaste ante la opinión pública. Los sindicatos deben medir este objetivo de erosión porque la alternativa a un gobierno de izquierdas es siempre un gobierno de derechas.
Esta huelga general tiene rasgos peculiares. En principio se decide contra una reforma laboral cuyo contenido se desconocía en el momento de la convocatoria y se va a llevar a efecto en una fecha en la que se ha consumado la aprobación de la misma por el Parlamento. Es decir, al final es una huelga general contra una decisión, aunque suene ampuloso, adoptada por la soberanía popular.
Los convocantes piden que se rectifique la reforma laboral. Desde esta perspectiva es una huelga inútil. Lo aprobado por el Parlamento no se va a modificar. Se añade que la convocatoria es también contra la Reforma del sistema de las pensiones. Reforma que, a día de hoy, no sabemos con exactitud en qué va a consistir puesto que su discusión se está desarrollando en el marco del Pacto de Toledo.
Habría que añadir que el Gobierno delegó, dejó en manos de empresarios y sindicatos la posibilidad de una reforma laboral pactada por los interlocutores sociales y que, tanto los unos como los otros, tras largos meses de negociaciones, dejaron pasar esta oportunidad a sabiendas de que, si no se producía el pacto, la decisión última habría que adoptarla el Gobierno sometido además a una crítica general por su tancredismo e inacción en esta cuestión. El Gobierno, conocedor a través del Ministerio de Trabajo de las posiciones de las partes, ha propiciado una reforma equilibrada teniendo en cuenta donde situaban los interlocutores sociales sus reivindicaciones.
En relación con la reforma en sí misma la indemnización por despido de los trabajadores que tienen contrato indefinido se mantiene igual, es decir 45 días por año. No conviene que se mienta sobre esta cuestión. Para luchar contra la precariedad laboral se crea un contrato de fomento de la contratación indefinida para incitar a empresarios a que opten por este modelo de contratación. Ante las dificultades económicas de las empresas se introducen medidas flexibles para evitar la opción del despido como solución (modelo alemán). Se creará un fondo de capitalización para los trabajadores a partir del 1 de enero de 2010 (modelo austriaco). Se incentiva el contrato de formación para jóvenes. En fin no parece que son medidas para rasgarse las vestiduras.
Esta huelga general, desde mi punto de vista, es injusta con el Gobierno porque si ha habido un ejecutivo que ha tratado de navegar en medio de una crisis económica llena de imprevistos preservando las políticas sociales ha sido el Gobierno que preside Rodríguez Zapatero. El gasto social durante estos años de recesión se ha incrementado porque se ha mantenido y ampliado la protección por desempleo y también el poder adquisitivo de las pensiones que arrojanda un saldo positivo en el periodo 2008 – 2011 por los niveles de inflación que hemos tenido. Es verdad que a la vista de la evolución demográfica hemos planteado la reforma del sistema de pensiones y un sacrifico a los funcionarios para reducir el déficit público. Los sindicatos no pueden olvidar que países más poderosos que España, como por ejemplo Alemania, ya han subido la edad de jubilación a los 67 años y anunciado el despido de 50.000 funcionarios, entre otras medidas.
Los sindicatos deberían ser conscientes de que lo que está ocurriendo desde el punto de vista de la economía no es un problema estrictamente español, y que recientemente, de una manera radicalmente injusta, estuvieron a punto de sacarnos del mapa y situarnos como compañeros de viaje de Grecia. En estas circunstancias la convocatoria de una huelga general no es buena para España y creo que tampoco para los trabajadores. Escribiendo estas líneas me viene a la memoria una frase de Abril Martorell cuando era Vicepresidente del Gobierno: “El sindicalista más caro es el que lo pacto todo, hasta el desacuerdo”
Comentarios
Lo sentimos; los comentarios estn cerrados para este post