Libia: Una intervención mal diseñada. 5 Julio 2011
Posteado por Benegas en : Siglo , trackbackRecientemente escribí sobre la imprevisibilidad de algunos acontecimientos en referencia al origen de la crisis económica que padecemos y a los movimientos populares contra el autoritarismo y la pobreza que han tenido lugar en determinados países árabes. La imprevisibilidad de los acontecimientos se ha extendido en los últimos días a la energía nuclear después de las catástrofes naturales sufridas por Japón. El riesgo de accidente nuclear grave puede ser remoto, pero existe, como se ha puesto de manifiesto. Tokushima va a reabrir el debate sobre la seguridad de la energía nuclear y va a reforzar las posiciones contrarias a la misma. Se ha recordado estos días el genocidio de Hiroshima y Nagasaki, es decir, la capacidad salvaje que tienen el hombre, los gobiernos o los fanáticos de turno de destruir al propio ser humano cuando se utilizan los avances científicos desde el enloquecimiento, el odio o el fanatismo.
Tengo serias dudas sobre el modelo de intervención militar decidido para hacer frente a los desmanes de Gadafi contra sus opositores en Libia. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado la autorización de la utilización de la fuerza con el objeto de evitar la masacre de la población civil, admitiendo una intervención limitada al espacio aéreo y al bloqueo marítimo, descartando cualquier intervención militar por tierra. Es este último extremo el que más dudas me suscita sobre la eficacia del modelo de intervención que se ha decidido. Parece obvio que “la comunidad internacional” ha actuado acomplejada e influenciada por las consecuencias de las intervenciones en Somalia, Irak, Afganistán, etc. Esta actitud que a primera vista parece loable, por prudente, puede contener el germen de una nueva equivocación y abocar a una guerra sin objetivos claros, otra vez larga y con riesgo de que los “aliados” causen también víctimas civiles. Militarmente no parece difícil para las fuerzas internacionales establecer una zona de exclusión aérea y atacar las instalaciones militares libias. Pero esto no garantiza ni el triunfo de los insurrectos ni el derrocamiento de Gadafi que al no ser atacado por tierra se puede bunkerizar. Queremos lo que es casi imposible, que la guerra sea higiénica.
Toda decisión debe ser precedida de un debate sobre los objetivos que se pretenden alcanzar porque dependiendo de cuáles sean éstos la decisión puede ser diferente. En el caso que nos ocupa, ¿Cuál ha sido el objetivo estratégico que ha fundamentado la decisión adoptada? ¿Terminar con la masacre de los insurrectos exclusivamente? ¿Poner fin a los combates armados y buscar una solución negociada al conflicto? ¿Impedir la victoria de una de las partes? ¿Derrocar definitivamente el régimen del dictador Gadafi, entregarlo a la justicia Internacional, y abrir un proceso para la implantación de un régimen democrático en Libia? Parece evidente que el objetivo urgente ha sido evitar la masacre de la población civil a manos de un Gadafi enfurecido. Pero este noble fin, que por sí mismo justifica la intervención, sin el derrocamiento del dictador evita un mal inmediato, pero no ataca el fondo del problema al no perseguir el desalojo del poder de Gadafi condición necesaria para el establecimiento de un régimen democrático, o al menos para que los libios puedan decidir en libertad qué futuro quieren para su país.
La resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que quizá fuera la única posible, me parece mal diseñada porque es restrictiva, timorata, y tardía. Alguien dijo que “toda guerra es una puta guerra”, y si es larga todavía lo es más, y si se incumple el estrecho marco de la autorización aprobada será cuestionada en su legalidad. En el momento de escribir estas líneas, domingo 20 de marzo, la liga árabe ha denunciado que las acciones emprendidas sobrepasan el objetivo de establecer una zona de exclusión aérea y puede causar más muertes en la población civil. En la misma línea se han pronunciado China y Rusia, señalando que se están produciendo ataques no selectivos que afectan a la población e instalaciones civiles. La limitación de la resolución y sus ambigüedades puede suscitar la división entre los aliados y la liga árabe, Rusia y China. Esto se produce a las pocas horas de la intervención.
Una vez garantizada la zona de exclusión aérea y bombardeadas las instalaciones militares estratégicas de Gadafi sin lograr su derrocamiento, ¿cómo se continúa la intervención militar?, ¿se da por terminada la misión? Una resolución como la de Naciones Unidas advierte de los planes de la coalición internacional a Gadafi y le va a permitir diseñar su defensa: “No van a entrar por tierra”. Otorgarle de antemano esta tranquilidad al dictador es un error militar. La respuesta no se hará esperar, va a agrupar sus efectivos en las concentraciones urbanas para que cualquier ataque por aire implique riesgos para la población civil. Sin intervención por tierra no se acaba con la dictadura de Gadafi salvo que se produzca una deserción de sus apoyos armados
Me repugnan las guerras, pero no soy un pacifista dogmático. En los últimos tiempos se está demostrando que las intervenciones militares no resuelven los problemas de los pueblos. No obstante, en un caso extremo, como el de Libia en el que se estaba masacrando a la población civil, estoy a favor de la injerencia en defensa de los derechos humanos y las libertades, o del principio de la responsabilidad de proteger a los ciudadanos cuando son atacados por los poderes públicos, siempre que se agoten las vías diplomáticas y las medidas de presión y aislamiento que pueda instrumentar la Comunidad Internacional. En este caso además si no se hubiera producido la intervención pudiera entenderse que había vía libre para reprimir por la fuerza los movimientos contestatarios que se están produciendo en otros países árabes.
Ahora bien, una vez decidida la utilización de la fuerza militar bajo el amparo de Naciones Unidas, lo que, en mi opinión supone un error de libro, es utilizarla a medias y sin saber con claridad cuál es el objetivo final de la acción olvidando los principios básicos de cualquier manual militar. Ninguna guerra se ha ganado sólo desde el aire. Además de lo antedicho, pecamos de ingenuidad cuando afirmamos que una vez evitada la masacre el futuro lo deben decidir los libios. ¿Cómo? ¿Con Gadafi en el poder? Imposible. Luego el objetivo no puede ser otro que el derrocamiento del dictador o su claudicación. Si este objetivo no está claro podemos estar equivocándonos seriamente en el modelo de utilización de la fuerza que se está aplicando en Libia, por ser excesivamente restrictivo. La guerra es un mal, a veces necesario, pero una vez decidida, lo mejor es que sea corta y ataje el problema de fondo: Acabar con un régimen dictatorial que no duda en exterminar a la parte del pueblo que reclama el fin del autoritarismo y la instauración de un régimen democrático.
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