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Fabulaciones sin camino. 10 Octubre 2008

Posteado por Benegas en : Diario Vasco, El Correo , comentarios cerrados

Leí, días pasados, en el Diario el Mundo, una entrevista a Arzalluz a la que quiero remitirme como punto de partida de estas notas. Antes me veo en la necesidad de señalar que uno de los múltiples problemas de la sociedad vasca reside en que la ideología hasta ahora dominante en términos políticos es difusa, confusa y en ocasiones camaleónica lo que conduce a una enorme dificultad para construir una arquitectura jurídico – política que tenga un mínimo común denominador aceptado por todos. No sabemos si estamos en la restitución foral, la autonomía,  la confederación o la independencia y esta dilución de proyectos se agrava por provenir del partido gobernante. La tendencia del nacionalismo a construir sus propias fabulaciones, y además a creérselas es un dato significativo de nuestra realidad social.

A modo de ejemplo de lo anterior, en la mencionada entrevista, Arzalluz, preguntado por la no aceptación por parte del PNV de La Constitución contesta: “Nosotros poníamos como condición sine qua non el derecho a la autodeterminación, ETA hubiera dejado de existir, estoy convencido de ello. Por eso yo nunca he aceptado una Constitución que nos tapa el camino de lo que pretendemos. Si hubiera dejado libre el camino de la expresión de los vascos, yo hubiera dicho sí a la Constitución.”

Pues bien, estamos ante una seria falsedad sobre nuestra historia reciente. Cuando hablamos del pasado caben muchas interpretaciones y se pude pensar que la memoria subjetiva tiende a construir una historia también subjetiva que luego se pretende trasladar a la sociedad como verdad sobre lo ocurrido. Pero cuando el pasado está recogido literalmente en las actas del Congreso de los Diputados la verdad sobre lo que pasó no tiene mucha discusión.

Y la inexorable realidad es que tanto el Sr. Arzalluz como el PNV votaron en las Cortes Constituyentes en contra del llamado derecho de autodeterminación cuando se suscitó este tema a través de una enmienda del Sr. Letamendía. Esta es la verdad.  El PNV nunca planteó el reconocimiento del mal llamado derecho de autodeterminación, y cuando otros lo hicieron, votaron en contra de motu propio y por convicción. No se nos puede contar a estas alturas de la historia una milonga más para confundir al pueblo que no tiene porqué saber detalles de lo ocurrido hace treinta años. Pero no sólo votaron en contra sino que Arzalluz tuvo palabras descalificatorias diciendo, “eso de la autodeterminación son virguerías trotskistas, nosotros estamos por la vía foral y por el pacto con la Corona”. Xavier Arzalluz volcó toda su capacidad de oratoria y dialéctica, tanto en los debates en comisión como en el plenario en la defensa de la foralidad y la renovación del Pacto con la Corona como fundamentos de la unidad de la nueva España democrática pero el Pacto con la Corona era un sin camino. Era la etapa de un líder que defendía principios  de una manera pragmática y posibilista. Pongo ejemplos: “Cuando nosotros hablamos de unión, hablamos también de unidad, porque en todo Estado existe, por definición, una unidad, y si no existiera no habría Estado”. (Boletín del Congreso de los Diputados 12 de mayo de 1.978). “No buscamos ni en la palabra nacionalidades, ni en la autonomía un trampolín para la secesión”. Arzalluz defendió además la inclusión del término “nacionalidades” como un gran paso adelante. “Somos un partido nacionalista y este término  supone, de alguna manera, la legitimación de nuestra denominación y del fin que perseguimos: la defensa del ser y de los derechos de una nacionalidad concreta que forma parte, aunque no de forma satisfactoria, del Reino o del Estado”.

Llevamos cuatro o no sé cuántos años oyendo un monodiscurso, situado al margen de la legalidad, primero sobre el Plan Ibarretxe que contenía, no lo olvidemos, un estatus especial para el País Vasco de libre asociación a España, que fue rechazado en el Congreso de los Diputados. Olvidada la idea de la asociación hemos asistido a la letanía monocorde y tenaz sobre el llamado derecho a decidir y la famosa consulta en dos tiempos, algo inédito una en 2008 y otra en el 2010, ésta planteada al margen de quien gobierne en Euskadi en ese momento. Es todo surrealista, incluso antológico,  pero muy peligroso porque se juega, simplificándolo todo, con un sentimiento sano y es que a todo el mundo le gusta decidir.

Pues bien, mesiánico como es,  fabricador de enemigos inexistentes a los que poder combatir como si se tratara de un Quijote con boina, una vez derrotado en todas sus batallas, nos cuenta dos nuevas falacias. Una, que el gobierno de España no ha respetado un acuerdo mayoritario del Parlamento Vasco y por lo tanto ha consumado un atropello democrático denunciable en Europa. Nuevamente con medias verdades se trata de confundir a la gente, y de dividirnos. Ibarretxe y su partido deberían saber que democracia y legalidad no son sinónimos siempre identificables puesto que hay decisiones democráticas que no son legales, y legalidades que no son democráticas. La decisión del Parlamento Vasco sobre la consulta es democrática, se adopta por mayoría, pero es ilegal porque el Parlamento Vasco no puede arbitrar nada en un tema sobre el que no tienen competencias, nos guste o no. Sintetizando, en fin con un ejemplo supongamos que el ayuntamiento X decide por unanimidad, que la sede de Naciones Unidas se instale en el 2010 en su ámbito territorial. La decisión es plenamente democrática, pero rotundamente ilegal porque donde se ubique la sede de Naciones Unidas  no es competencia de un ayuntamiento. Por lo tanto si quisiéramos ser serios, el argumento del atropello de una decisión del Parlamento Vasco deberíamos de dejar de utilizarlo. 

Pues bien, una vez hecha pública la decisión del Tribunal Constitucional sobre la consulta, Ibarretxe nos anuncia una nueva movilización del gobierno vasco, los partidos del tripartito y los ciudadanos para plantear, ni más ni menos, que una denuncia contra la democracia española, ante el Tribunal Europeo de derechos humanos. Nuevamente Ibarretxe nos plantea un sin camino. Primero porque él es Lehendakari en virtud de la democracia que pretende denunciar. Y, en segundo término, porque ni el Gobierno Vasco, ni los partidos, ni los ciudadanos que no hubieran puesto una denuncia en España sobre esta cuestión y hubieran agotado la jurisdicción española están legitimados para acudir al Tribunal de Estrasburgo.

No sé cuándo vamos a aceptar que vivimos en un mundo de soberanías compartidas y que cada cual puede decidir en su ámbito de competencias, pero no invadir las que son de otros porque tenemos garantizada la confrontación y casi todas las de perder. Si queremos más autogobierno planteemos el único camino posible, el de la reforma del Estatuto de Gernika como han hecho otras autonomías, Cataluña por ejemplo. Y si de verdad lo que se defiende es la independencia, el problema debería plantearse de cara no escondido en la abstracción que encierra el llamado “derecho a decidir” sin decir sobre qué. El gobierno vasco se ha convertido en una “institución de resistencia”, convocante de cadenas humanas de Vitoria a Gernika,  que cuestiona la propia legalidad democrática, la que le dio vida, le permitió nacer y existir durante veintiocho años gobernando en Euskadi. No vamos bien, estamos en un sin camino. Espero que el año que viene podamos contar con un gobierno de nuevo signo.

 

Diez años de paz en el Ulster. 30 Abril 2008

Posteado por Benegas en : Diario Vasco , comentarios cerrados

El pasado diez de Abril se cumplieron diez años de la firma de los Acuerdos de Stormont, en virtud de los cuales los ciudadanos del Ulster han vivido una década sin atentados terroristas, sin víctimas mortales y sin violencia. Cuando recuerdo el drama que percibí en un viaje que realicé a la zona en mayo de 1.995, el odio entre comunidades, los muros de separación entre las  mismas, la convulsión producida por miles de muertos, en definitiva, un conflicto sin horizontes de solución, pienso hoy que el logro de diez años sin violencia supone un verdadero milagro político. El proceso, como es conocido, no ha estado exento de serias dificultades que tuvieron como consecuencia la suspensión de la autonomía en varias ocasiones, siempre al borde de la ruptura, pero lo cierto es que ahí están los resultados: Diez años de paz. ¿No es sorprendente que en la actualidad dirijan un gobierno  de amplia coalición juntos el ultra conservador Ian Paisley y el antiguo miembro del IRA Martin McGuinness?. Era impensable tan sólo hace muy poco tiempo

 

Con la perspectiva del transcurso de diez años podemos preguntarnos, ¿cómo lo consiguieron?, ¿cuáles fueron los elementos decisivos que lo hicieron posible?. Es preciso señalar en primer término que funcionó la teoría del desistimiento, es decir, el IRA comprobó que podía seguir matando, asesinando, causando destrozos, pero lo único que realmente habían conseguido, como argumentó con lucidez uno de sus dirigentes, era que cada año Gran Bretaña aumentara su presencia militar en el Ulster, y,  en su consecuencia, constataron que  el propio terrorismo se había convertido, más allá de consideraciones éticas, en un elemento negativo para la causa de la libertad de Irlanda. Es decir, con todo tipo de recelos, cautelas y desconfianzas, se abrió camino la idea de buscar el final de las armas  y dar paso exclusivamente a la acción política.

 

La segunda cuestión que me parece necesario resaltar es que los dirigentes del Sinn Fein, especialmente Gerry Adams, interiorizaron la idea de que los conflictos complejos y enquistados en el tiempo no tienen soluciones perfectas sino todo lo contrario. De esta convicción surgió un liderazgo  fraguado en la búsqueda de la paz  y en un enorme pragmatismo político sobre lo que se podía conseguir y la otra parte podía firmar. El Sinn Fein hizo suya la estrategia de la paz, no pretendió resolver un conflicto sino que desaparecieran las armas del debate político en Irlanda.  No debió ser fácil para Gerry Adams convencer a sus amigos del IRA, que en sus análisis internos contabilizaban los años de lucha, de cárcel y el número de muertos por la “causa”, de que al final debían admitir un acuerdo que atribuía inicialmente al Ulster menos autonomía, si tomamos como referencia España, que la que tienen nuestras Diputaciones Provinciales y un reconocimiento de la autodeterminación tan difuso que su realización práctica depende del criterio subjetivo del Ministro de Gran Bretaña para Irlanda del Norte. Sin embargo, Adams si tuvo un éxito considerable al conseguir en los acuerdos de Stormont una solución rápida para los presos del IRA, que sin perdones, indultos, ni condonación de penas, saldrían de la cárcel en el plazo de dos  años a partir de la firma de los acuerdos “si lo permiten las circunstancias”, aplicando medidas de política penitenciaria y siempre bajo la condición de que no se volviera a utilizar la violencia, porque en ese supuesto reingresarían en prisión a cumplir íntegramente el resto de sus condenas.

 

El tercer elemento decisivo para que fuera viable el proceso  y posibles los acuerdos, lo constituyó la admirable sincronía y coordinación a lo largo del mismo entre Major y Blair. Colaboración ésta que se produce sin ningún documento firmado entre ambos, sino que surge de lo que se entiende por “responsabilidad democrática”, derivada de  un alto sentido de Estado y del reconocimiento del apoyo que debe tener todo gobierno en la siempre difícil lucha contra el terrorismo. En pleno proceso de paz Major perdió las elecciones y el poder. Blair culminó con acierto lo que aquel empezó y supo hacer copartícipe del éxito a su oponente político derrotado en las urnas. Toda una lección de comportamiento leal, además de un ejercicio de confianza entre los mencionados dirigentes, insisto sin ningún documento firmado, que se alternaron como gobierno y oposición sucesivamente durante el proceso de paz.

 

Si se analiza lo ocurrido durante el último “proceso de paz” a partir del alto el fuego declarado por ETA en marzo de 2006, se podrá comprobar, para nuestra desgracia, que no se produjeron ninguno de los anteriores elementos y actitudes que han hecho posible la paz en Irlanda del Norte. A buen entendedor pocas palabras bastan.