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“Victoria espectacular del socialismo francés.” 24 Mayo 2010

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El triunfo del PSF en las elecciones regionales francesas ha constituido una gran sorpresa, no porque los sondeos no anunciaran su victoria, sino por la dimensión de la misma. Han logrado los mejores resultados desde las elecciones Presidenciales de 1981. El resultado merece un análisis porque el socialismo francés desde hace años navegaba sin rumbo, convulsionado por un sistema interno de corrientes y por las ambiciones personales de sus principales dirigentes. El debate cuasi asambleario sobre el socialismo del siglo XXI,  las diferentes posiciones sobre la política de alianzas y la gravísima división que sufrieron en el referéndum de ratificación de la Constitución Europea debilitaron al PSF como opción política. El debate permanente se convirtió en su seña de identidad más significativa. Sus  principales consecuencias  fueron los frecuentes cambios  de  posiciones, la debilidad a la hora de confrontar  con la derecha,  y la inacción política producto de que las principales energías se consumían en la discusión interna. Así perdieron tres elecciones presidenciales consecutivas.

 Hace unos meses nadie apostaba por una victoria tan rotunda como la que han obtenido en las recientes elecciones regionales. El acceso a la secretaría general del partido de Martine Aubry, hija de Jacques Delors, ha servido al menos para ordenar prioridades de trabajo, aplazar los problemas internos en torno a las elecciones presidenciales, y concentrar el esfuerzo de los militantes y del partido en preparar los comicios regionales. Todo ello  ha sido muy meritorio por su parte. Así mismo el PSF ha sabido ensanchar su electorado llegando a acuerdos electorales con dos fuerzas políticas de izquierda, Europa Ecología, dirigida por Daniel  Cohn Bendit y el Frente de Izquierda, que incorpora, entre otros, al antiguo Partido Comunista.

 Parece obvio que el resultado de estas elecciones constituyen un voto de castigo a Sarkozy y una desaprobación de sus decisiones a la hora de afrontar una crisis que está pasando  factura a los gobernantes. Pero además de esto,  al primer mandatario francés le han fallado dos planteamientos estratégicos: De una parte, su partido la UMP no ha sabido atraer el voto de centro que en su mayoría ha ido a engrosar una abstención alta, a lo que se debe añadir el que no han conseguido en la segunda vuelta sumar el voto del Frente Nacional de Le Pen, como había ocurrido en anteriores ocasiones, sino que por el contrario  éstos han mejorado los resultados en relación a la primera vez. Los apoyos electorales obtenidos por esta formación vuelven a ser muy altos dada su ideología extrema, situándose en torno al 17%,  que constituye un factor de preocupación  al significar que un número no desdeñable de franceses se alinean en torno a planteamientos xenófobos.

 A primera vista diríamos que se dibuja un panorama halagüeño para el socialismo francés después de años de políticas desnortadas y serias divisiones internas. Sin embargo hay que introducir en el análisis que  los precedentes inmediatos indican que un triunfo local no garantiza una victoria nacional. Desde 1993 el PSF ha ganado los comicios regionales y ha perdido todos  los nacionales.   Desde mi punto de vista muchos de los males del socialismo francés provienen de su estructura interna que al permitir  las corrientes organizadas da origen a liderazgos fraccionales  debilitando  la cohesión interna y externa del partido. En función de esta estructura ya tienen previsto celebrar elecciones primarias en 2011 para seleccionar al candidato que concurra a las comicios presidenciales abriéndose todo tipo de expectativas.

 El resultado obtenido en estas elecciones sin duda contribuirá a reforzar el liderazgo de  Martine Aubrey que puede optar a presentar su candidatura. Francoisse Holland, antiguo secretario general, ya ha anunciado la suya. Segolene Royal ha obtenido el mejor resultado porcentual de todos los líderes un 61,1% de los votos lo cual refuerza sus tentaciones de concurrir de nuevo a las presidenciales. No sabemos lo que hará Dominique Strauss-Kahn, hoy al frente del Fondo Monetario Internacional. Es conocido que las elecciones primarias en las que en esta ocasión podrán votar los simpatizantes están precedidas por una campaña interna en toda regla en la que la imagen de división y confrontación entre los líderes del partido está garantizada. Sin duda las elecciones primarias son muy democráticas pero no sé si son el mejor instrumento cuando se tratar de ganar unas elecciones.

 En todo caso el socialismo francés ha recuperado el impulso y la ilusión para afrontar las presidenciales de 2012. Sería muy deseable que manejaran la situación con responsabilidad y unidad. Un triunfo de los socialistas en Francia sería muy importante para recuperar la influencia de la izquierda en la Unión Europea y evitar que la salida de la crisis se fundamente otra vez en opciones conservadoras.

“El capitalismo, juez de naciones.”

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Vivimos en un mundo en el que el imperio del capitalismo trata de reducir la categoría de los países a meros números estadísticos. El PIB, el déficit, la deuda, son los parámetros por los cuales se juzga a las naciones y se las clasifica.  Desde los valores del capitalismo lo que es un país se puede sintetizar en medio folio con  unos cuantos indicadores. Los colectivos humanos sufren de esta guisa el veredicto de los organismos internacionales y sus consecuencias. No pretendo minusvalorar la importancia de aquellos para evaluar algunos aspectos de la evolución de los países, pero sí trato de señalar que es una simplificación encerrar en cuatro datos económicos las realidades sociales y las perspectivas de fututo de los pueblos. ¿Se imaginan una Europa sin Grecia?. Si así fuera, no sería Europa y sin embargo  ha estado a punto de suceder. El país de  Sócrates y Platón y Aristóteles  por muy poco no ha sido desterrado al mundo de las tinieblas.

El PIB es importante sin duda, pero no es un indicador  que abarque  la calidad de vida de una sociedad. El ICDV ( índice de calidad de vida) no está incorporado al debate económico. Naciones Unidas creó un indicador para medir el grado de desarrollo de los países cuyo cálculo se realiza incluyendo parámetros de esperanza de vida, educación, y PIB per cápita entre otros, pero no tiene relevancia económica. Según este índice  en el año 2006, España ocupaba la decimonovena posición, inmediatamente después de Bélgica, Francia, Italia y Gran Bretaña. La revista “The Economist”, llegó a situar a España en décimo lugar. En el informe de Naciones Unidas hecho público el 5 de octubre de 2009 España pasa a la quinceava posición ganando cuatro puestos. Por cierto Colombia y la denostada Venezuela aparecen junto a Perú y Francia como las naciones que más han ascendido en la tabla en comparación con 2006.

El gélido PIB no indica, por ejemplo, que la sanidad pública española es una de las más desarrolladas del mundo, por detrás de la alemana pero muy por encima de Estados Unidos. Tampoco indica que nuestro país, subdesarrollado hace unos años, dispone de un sistema de comunicaciones  por carretera y líneas ferroviarias a la altura de los países más avanzados del mundo. En relación a nuestra población  tenemos más aeropuertos que nadie. Somos el séptimo país del mundo en esperanza de vida. La familia constituye un enorme colchón social de solidaridad, en atención a nuestros mayores, a los niños, jóvenes sin empleo y enfermedades. Podríamos enumerar más ámbitos de calidad de vida. Sin embargo los instrumentos generados por el capitalismo para conceptuar a los países no valoran ninguno de estos aspectos. A las agencias calificadoras de riesgo, que fueron incapaces de detectar las grandes quiebras como la de  Lehman Brothers, y  ahora nos amenazan con cuestionar nuestra  deuda pública,  les importa un carajo, en el sentido literal del término,  los índices de calidad de vida de los pueblos.

Está ocurriendo algo similar con la presión fiscal. Este es un concepto económico que se obtiene de dividir los ingresos públicos por el PIB. Se dice que España tiene una presión fiscal por debajo de la media europea y que deberíamos subir los impuestos para situarnos en el mismo nivel de los países de nuestro entorno. La presión fiscal en España ha caído no porque paguemos menos impuestos desde una consideración individual, sino porque ha disminuido de modo sustancial la recaudación general por el retroceso de la actividad económica. Nuevamente estamos ante un concepto económico que no tiene en cuenta a los ciudadanos. Deberíamos hablar de esfuerzo fiscal que es algo diferente. Para hacer comparaciones con otros países   habría que partir  no sólo de los datos de recaudación, sino también de la renta nacional, la participación de los salarios en la misma, producto nacional bruto per cápita, etc. El defecto principal de un indicador como la presión fiscal es que no tiene en cuenta la población, la existencia de diferencias de desarrollo económico entre los países,  distintas estructuras económicas, la productividad o las tasas de actividad. “El esfuerzo fiscal no puede estudiarse por modelos estáticos comparativos, referidos a países  y realidades diferentes. Por el contrario, debe clasificarse en función de las exigencias y características del proceso de desarrollo económico y de cambio político y social para cada nación en particular.” (José Pérez de Ayala. Catedrático de Economía Política y Hacienda Pública). Según los expertos, los datos sobre el “esfuerzo fiscal” de los españoles se sitúan en el mimo nivel o más que los países de nuestro entorno en contra de todo lo que se está diciendo. Otra cuestión es que dependiendo de los objetivos presupuestarios que nos marquemos la recaudación sea insuficiente y sea necesario incrementar los ingresos.  Pero esto depende de los objetivos no de si tenemos una mayor o menor presión fiscal.

Termino insistiendo en que desde la izquierda no cuestionamos el mercado como instrumento de asignación de recursos pero debemos combatir los fundamentos de la ideología capitalista que deben ser sustituidos por los valores socialdemócratas. Capitalismo y mercado pueden no ser la misma cosa.

Identidades confusas. 9 Marzo 2010

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Recientemente el ex Lehendakari Ibarretxe ha conmemorado el quinto aniversario de la derrota en el Congreso de los Diputados del famoso Plan que llevó su apellido. Lo ha hecho mediante declaraciones y un artículo en prensa que no tiene desperdicio.

Aquel día, se refiere al debate en el Congreso, “le dieron un portazo a la sociedad vasca (…) y trataron de humillarme, pero no lo lograron”. Ibarretxe califica la normalidad actual de “adormidera social” y de situación de emergencia y llama  a “espabilarnos para movilizar lo mejor que llevamos dentro. Si no puede hacérsenos de noche” Una de las conclusiones que extrae Ibarretxe es que la identidad vasca puede diluirse asimilada por la cultura española.

Toda esta confusión ideológica y de valores me sugiere los siguientes comentarios. En primer término no se puede falsear la realidad de los acontecido. Recuerdo que el debate en el Congreso de los Diputados por parte de todos los portavoces fue firme en los contenidos pero exquisito en las formas y en el tratamiento personal hacia Ibarretxe. Nadie pretendió humillarle como afirma en  su artículo.

Ibarretxe es muy libre de tener el mejor concepto del mundo sobre su plan. Es muy libre también de pensar que sus planteamientos son los más convenientes para el futuro del País Vasco. Lo que ya no creo que sea de recibo a estas alturas es la confusión reiterada sobre la apropiación totalitaria del concepto de sociedad vasca y la  concepción de la “identidad vasca” de manera unívoca y granítica.

Cuando califica en su artículo la derrota democrática de su plan en el Congreso de los Diputados de “portazo a la sociedad vasca” se está arrogando la representación y los sentimientos de toda la sociedad, tendencia ésta que siempre se deriva de concepciones totalizadoras de la sociedad. Ignora el pluralismo amplio de la sociedad vasca que supone una realidad social compleja, radicalmente alejada del pensamiento único y uniformizador. No valora que en el Congreso fueron más los diputados vascos los que votaron en contra de su plan que los que lo hicieron a favor, del mismo modo que casi la mitad de los vascos desde su  representación política estuvieron en contra de su propuesta.

Cuando se afirma que la identidad vasca corre el riesgo de difuminarse lo primero que hay que preguntarse en sí existe una única identidad vasca y quién la define en sus contenidos. ¿La define Ibarretxe? ¿Tenemos algún alto Tribunal que determine qué es ser vasco o cómo deben ser? ¿Volvemos a la división que encierra el concepto de abertzale- (patriota)- por el cual habría buenos vascos (los abertzales) y malos vascos, (los otros)?

               La mera definición de la «identidad de un pueblo» implica hacer oficiales un conjunto de elementos de identificación frente a otros que quedan así postergados como «extraoficiales», con riesgo para estos de ser, además, marginados y discriminados.

«Lo malo es que alguien determine cuál y cómo ha de ser mi identidad, que me marque el modelo al que tengo que conformarme, el espejo deformante al que deba adecuar mi rostro: en una palabra, el jefe que establezca qué es “lo vasco” o “lo catalán”, lo mismo que hubo quien declaró de una vez por todas qué era lo “español” y quiénes debían tenerse por “antiespañoles” . (Fernando Savater, Contra las Patrias)

El pueblo vasco, en este sentido, no es el conjunto de personas que componen la colectividad, sino tan solo una parte de esta. El criterio relevante, y excluyente, consiste en la aceptación de determinados rasgos y actitudes que alguien, haciendo gala de una indisimulada soberbia intelectual, se ha arrogado la autoridad de definir como propios del pueblo vasco.

Es obvio que esta manera de interpretar la identidad resulta demasiado burda para cualquier persona formada en la tradición de la Ilustración y en el culto a los valores de la libertad y la igualdad individual sobre los que se asientan nuestros sistemas democráticos. Sin embargo, subestimar la importancia que la asunción de semejante criterio ha adquirido en muchas actitudes políticas de dentro y fuera del País Vasco equivaldría a incurrir en una grave ligereza.  El tema del encadenamiento intelectual a un sentido de la pertenencia exclusivamente es un mal de nuestro tiempo y aflora por doquier.

Las «patrias» son espacios donde se pueden desarrollar, o no, los valores humanistas del progreso. Son escenarios, no son esencias inmutables, evaluables en función del territorio o de las fronteras. Lo que el nacionalismo sacraliza, elevándolo a primera categoría, en realidad son territorios con historia compartida, sin valorar que en los mismos los colectivos humanos puedan progresar y desarrollarse o también ser eternamente infelices.

Es decir, existe «algo» más valioso, superior, que se sitúa por encima de la tierra, del más modesto terruño o del grandilocuente concepto de patria. Habermas ha tenido, a mi modo de ver, el acierto de formularlo sintéticamente a través de las expresiones «consenso antitotalitario», «patriotismo constitucional» y «universalismo moral», a los que dedicaré próximas reflexiones.

Ataques a España I.

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La asunción por parte de España de la Presidencia de la Unión Europea ha suscitado una serie de ataques, foráneos e internos, provenientes  de medios de comunicación, columnistas de renombrados periódicos extranjeros y, como no podía ser menos, de tertulianos nacionales, y dirigentes de la oposición. Desde el punto de vista exterior no estamos ante algo nuevo. Determinados organismos internacionales, Institutos de opinión pública, organismos que dicen analizar sociológicamente el consumo de droga, o la calidad de la enseñanza o el bienestar de los ciudadanos, tienen un extraña tendencia a situar a España como un espacio en el que se acumulan males de todo tipo. No sabemos si la misma  obedece a una mala información o podríamos llegar  a pensar en tramas negras interesadas en el desprestigio de nuestro país.

Casi sin empezar la Presidencia española de la Unión Europea  ha aflorado una línea de ataque  reiterado desde diferentes ámbitos y fundamentado en un mensaje central: La presidencia española será débil porque nuestra  crisis económica es más grave que la de otros países europeos y tenemos cifras muy altas de desempleo. Se añade que desde esta situación  no se puede dar lecciones a nadie sobre los problemas de la Unión Europea, como si alguien pretendiera darlas.

Este ataque puede tener su eficacia, sin duda, pero está fundamentado en un análisis que no tiene ninguna perspectiva de lo que fue nuestro pasado ni sobre las potencialidades  de futuro. Los que somos conscientes de nuestra historia sabemos que en el último periodo, digamos dos décadas, España ha sido un país emergente en Europa, quizá el que más se ha desarrollado y crecido económica y socialmente. El que era uno de los países más subdesarrollados del continente se ha convertido  en poco tiempo en la octava potencia industrial del mundo,  disponiendo de  más kilómetros de tren de alta velocidad de Europa, más kilómetros de autopistas y autovías, aeropuertos más modernos y descentralizados, y es vanguardia a nivel mundial, por ejemplo,  en el sector de las energías renovables. España dispone hoy de una sanidad pública con prestaciones  universales para toda la población sólo superada en calidad por Alemania y bastante por encima de la de Gran Bretaña que, tan sólo hace treinta años, era un modelo referencial para nosotros. A pesar de todos los avatares nuestra Seguridad Social está saneada y cuenta con un fondo de reserva de más de 40.000 millones de euros. España tenía un sur pobre, atrasado, subdesarrollado y hoy podemos decir que hemos alejado el peligro  y el drama de tener un  mesogiorno como Italia, por ejemplo.  Somos la segunda potencia turística de Europa y si midiéramos nuestra calidad de vida tenemos poco que envidiar a otros países de nuestro entorno.

Se  dirá que este es un análisis triunfalista sobre nuestra situación, pero los que anteceden constituyen algunos de nuestros méritos cuando, no hace tanto tiempo, para muchos europeos África empezaba en los Pirineos. Debo añadir que en contra de la tendencia imperante opino que el modelo de crecimiento aplicado en los últimos treinta años era el más adecuado  para un país subdesarrollado como España y ha producido unos resultados que nos han permitido   recuperar en tiempo record nuestro atraso secular con respecto a los principales países europeos. Es evidente que el modelo tenía sus riesgos y lo hemos comprobado durante la actual crisis al demostrarse  insostenible el crecimiento inmobiliario desproporcionado produciéndose su desplome  y la expulsión  del mercado de trabajo de millón y medio de personas. Nuestro actual nivel de desarrollo requiere de un nuevo modelo de crecimiento tal como  ha planteado el gobierno.

Es obvio que nuestro principal dato negativo, que da pie a los intentos de desprestigio de nuestra Presidencia europea, es el paro, y  lo es tanto desde un punto de vista humano como del coste que supone el  seguro de desempleo  para el erario público. También sobre esta cuestión cabría hacer algunas consideraciones. En nuestros momentos de más alto crecimiento económico hemos convivido con cerca de dos millones de parados. En una década 2000 – 2010 hemos acogido a más de cinco millones de emigrantes pasando la población residente en España de 40 a 46 millones. Mientras fuimos capaces de mantener un alto crecimiento en el sector de la construcción, y la demanda de empleo en  otros ámbitos  como el  servicio doméstico, el sanitario o el campo  fuimos capaces de dar trabajo a una buena parte de estas personas que vinieron a nuestra tierra desde  otros países. A pesar de todo hoy trabajan en España en torno a tres millones más de ciudadanos que en el año 2.000.

En la actualidad no hay ningún Primer Ministro Europeo que no tenga serios problemas internos en su país como consecuencia de la crisis. No estaría mal que algunos medios de comunicación ingleses pensaran sobre la situación de su Primer Ministro, Sr. Brown, ante de atacar a Zapatero que  tiene la oportunidad de desempeñar muy dignamente la Presidencia de la U.E, tema que desarrollaré en el próximo artículo.

Seis meses importantes.

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La semana pasada mencionaba los ataques infundados a Zapatero y España como país al que le corresponde asumir la presidencia de la Unión Europea. La línea argumental se sustentaba en que la crisis económica que padece nuestro país y el alto nivel de desempleo auguraba una débil presidencia europea. Según esta teoría solamente podrían presidir la Unión Europea Francia Alemania y Suecia sobrando para este menester los veinticuatro países restantes. El ataque tiene un rigor intelectual muy pobre y denota una concepción europea estrictamente economicista. El que la Presidencia europea sea exitosa o no depende de una manera determinante de la voluntad política que se emplee en el avance de la unidad europea, interna y externa del rápido desarrollo del tratado de Lisboa, y de un diseño ambicioso del papel que debe desempeñar Europa en el mundo. La consolidación y avance de estas tres líneas de acción puede recibir de un país claramente europeísta como el nuestro un gran impulso, además de voluntad  e ilusión por parte de un Presidente joven como es Rodríguez Zapatero.

No podemos ignorar que Europa padece males internos serios que han impedido  su avance como por ejemplo el euroescepticismo, en el que se pueden encuadrar del orden de cien eurodiputados bajo este concepto. La idea de una Europa muy fuerte como ámbito económico y débil políticamente tiene muchos adeptos, a lo que es preciso añadir tendencias nacionalistas en países que no acaban de entender el paso hacia un esquema de soberanía compartida  o incluso subordinada en algunas cuestiones. En otro orden de cosas parece que el unilaterlismo americano de la etapa  Bush está superado, pero Europa, por sus divisiones y por problemas hasta ahora estructurales, no acaba de encontrar su papel en el nuevo orden internacional por carecer, en muchas ocasiones, de una acción exterior unida expresada a través de una interlocución única. Como consecuencia de estas deficiencias  el deseado orden mundial multilateral, que se va fraguando en algunas acciones militares conjuntas como en Afganistán, sin embargo,  puede dar paso a un bilateralismo USA – China en cuestiones trascendentales relacionadas con la economía, el comercio internacional, el cambio climático o los problemas energéticos.

Visto este cuadro, este marco en el que se va a desarrollar la Presidencia europea creo que España está bien situada para intentar un “impulso europeísta” en todos los ámbitos. Se va abriendo paso la idea de una respuesta europea a la crisis económica y el impulso desde la UE, de un nuevo orden internacional financiero en cuyo diseño podemos aportar experiencias nuestras exitosas de control y rigor bancario. Hemos planteado la necesidad de una integración de la política energética europea. Durante nuestro mandato se celebrará el II Foro de la Agenda Social con temas centrales como la lucha contra la exclusión y todos los problemas derivados de la emigración sobre los que Europa debería tener una posición común. Constituimos la esperanza, me refiero a Europa, de presentarnos unidos en la Cumbre de México con una propuesta sólida ante el cambio climático y en defensa del Medio Ambiente que supere el fracaso de Copenhague.

Desde mi punto de vista, uno de los instrumentos relevantes para avanzar en la unidad europea y trasmitirlo así a la Comunidad Internacional es la Acción Exterior. Durante estos seis meses España está en disposición de desempeñar ese papel con acierto, desarrollando una presidencia euroamericana y euromediterránea. Nuestra posición nos debe permitir estrechar los lazos de Europa con los países latinoamericanos además de la celebración de la Cumbre que tendrá como tema central la tecnología, la innovación  y la inclusión social como elementos esenciales para fomentar el desarrollo sostenible. Además habrá cumbres con Canadá, México y USA. Esta última, de gran importancia debería tener como objetivo  sentar las bases de una Alianza estratégica entre Europa y USA para actuar juntos y coordinadamente ante los grandes problemas y desafíos del mundo en que vivimos.

Desde la perspectiva mediterránea tendrá lugar en nuestro país la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión  por el Mediterráneo. España debe utilizar sus excelentes relaciones diplomáticas en todo el área para impulsar  la Unión que tendrá su sede y su secretaría en Barcelona. Además sería un gran éxito para España y para el mundo que fuéramos capaces de desbloquear la situación en el próximo Oriente y establecer unas bases sólidas de diálogo entre Israel y Palestina que pudieran abocar en la coexistencia pacífica de dos Estados  con la colaboración y ayuda de Egipto, Siria y el Líbano  como países directamente implicados en la zona. Si lográramos, al menos, la reanudación del diálogo bien habría valido este logro la presidencia española de la Unión. Como se puede comprobar las tareas son múltiples y España está en condiciones de desempeñar con brillantez su presidencia europea.